Who wants flowers when you're dead?
Querido K.:
Quizá te sorprenda que haya dejado pasar los días sin escribir nada sobre la muerte de Salinger. Llego tarde para el obituario, pero a tiempo para escribirte estas líneas reposadas. No he dejado de pensar en The catcher ningún día, y como resumen de esos pensamientos diré que no me siento especialmente atraído por el escritor, ni me interesa todo eso de la muerte de Lennon. Lo que de verdad me importa y me emociona es el libro.
Creo que no exagero si digo que El guardián entre el centeno me cambió la vida. Lo leí por primera vez como tarea de la asignatura de Ética de 4º de la E.S.O., a cuyo profesor dediqué un capítulo en DUDAS. Tuvimos que entregar un trabajo sobre el libro, y esa fue la primera vez que de verdad analicé una novela. Aquel fue un curso inolvidable. Pensando, escuchando y escribiendo sobre la supuestamente deficiente traducción de Carmen Criado me enamoré del libro, es decir, de la literatura y de la vida.
Ahora que han pasado algunos años y muchos libros sigo pensando que es una de las mejores novelas que ha caído en mis manos. Todo me parece perfecto: la estructura, el enfoque, los personajes, la voz. Qué inteligente debió ser Salinger.
Pero no sería sincero si hablara solamente de los aspectos “técnicos” de la novela. Creo que ya te lo he contado alguna vez: me resulta imposible llegar a las últimas páginas sin un nudo en la garganta y una humedad en los párpados. Como supongo que te ocurre a ti también, no puedo evitar sentir que me caigo en la caída de Holden y sufro con el dolor de esa alegoría triste del paso a la madurez. Yo no quiero que Holden crezca, no quiero que abandone su ingenuidad y su luz y su frescura y no quiero que le contamine ese mundo absurdo de los adultos, pero no puedo hacer nada por impedirlo. Y sufro leyendo mi libro favorito.
Ultimamente en vez de releerlo lo escucho. Me descargué el audiobook y lo pongo en el coche mientras voy al trabajo, por aquello de acostumbrar el oído al inglés. Por lo demás, vivimos haciendo malabarismos para no caer por el precipicio. Suerte que algunos tenemos guardián.
En fin, espero que sigas con salud. Un abrazo,
Daniel


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