2. Arte Moderno
El Arte Moderno es creado a finales del siglo XIX por una serie de locos e intrépidos artistas que querían romper con el historicismo académico pasado para empezar a crear en un ambiente de líneas asimétricas y figuras ornamentales parecidas a las ya hechas en el Barroco. Su objetiva provocación inquietaba y sorprendía al arte tradicional conformista, por su referencia a lo absurdo e insólita extravagancia. Era una búsqueda por el camino de la experimentación colisionando en cada curva con la paradoja del perfeccionamiento (posteriormente influenciarían a los locos Surrealistas del s. XX).
Nunca relacioné el Arte Moderno con Gaudí y su inacabada Sagrada Familia, Tiffany (vidrio, cerámicas y joyas), Victor Horta (arquitectura), y su gran representante Henry Van de Velde (decoración y artes aplicadas). Siempre lo identifiqué con el arte actual que mis inmaculados ojos devolvían sin pestañear el dorado que mostraban los poemas Rubén Darío, el esperpento de Valle Inclán y la literatura casi perfecta del nóbel Juan Ramón Jiménez.
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Un inculto del Arte el que escribe estas líneas, ya que no acabo de comprender por qué el Arte Moderno es entendido por la mayoría del público como un puzzle incomprensible de formas extravagantes. Quizá sea porque cada día se muestra más como ideas transformadas en arquitecturas imposibles, libros sin historias pero llenos de metáforas, grandes cuadros sin dibujos, moda que no se ve en la calle, vidas estrambóticas reconocidas "post mortem", etc.
Cuando fui al Museo de Arte Contemporáneo Conde Duque de Madrid, comprendí que el artista es un ser inconformista que realiza una búsqueda antrópica, llevada a un camino personal guiado por la influencia de otros locos. En un principio suele ocurrir que el artista intenta romper con su propia generación, muchas veces ni el mismo comprende lo que quiere expresar y esto puede llevarle a ser abofeteado. Pero las posteriores generaciones acabarán entendiéndole e incluso imitándolo para llegar a crear una generación propia cargada de ideas renovadoras. Volviéndose a guiar por una espiral perfecta, la idea pasada, la ola hecha psunami, el artista tirándose al vacío.
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Como casi todos los que no estudiamos Arte, sentimos parte de esta generación como la crisis de la racionalización anterior y una falta de naturalismo investigador, rellenando un vacío que la generación pasada no supo plasmar. Sin embargo hay tenemos al enigmático grafitero estécil Banksy, sobrado de naturalismo, investigador de la provocación, mandando mensajes al mundo, reventando las conciencias, adornando las calles de arte gratuito, intentando colgar sus obras sin permiso en las paredes del Tate de Londres, en el MOMA de Nueva York o en el Bristish Museum.
Para acabar voy a contar una anécdota, hace poco visité una exposición de Photoespaña y según me explicó una galerista lo importante es hacer algo que nadie haya hecho (muestras de excrementos, cuerpos de personas muertas, pasarelas con perros, leones y tigres) no algo bueno. Ahora si es bueno y no se ha hecho es algo más. Al final supe que se refería a lo de siempre, "dinero" (especulacion, evasión de impuestos, subastas, fundaciones) y quizá luego Arte.
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Cuando llegué al vértigo de Munch ya estaba completamente convencido de que el camino hacia la abstracción no era necesariamente la decadencia del arte. Ahí estaban esos cuadros de Sorolla donde los niños salían, como yo, sin camiseta. El arte se había intelectualizado y era muy difícil seguirle la pista durante el siglo XX sin voluntad de emprender un acercamiento culturizado. Pero siempre encuentras autores que llenan tus ojos o provocan tus preguntas. Magritte, Dalí o incluso Warhol. Y comprendes que de tanto despojarse de detalles el arte universal había completado el ciclo de vuelta a los bisontes de Lascaux y Altamira.














