[continuación de Inspirando a Marcos (1)]
...pero pronto nos hicimos amigos de tertulia y quedábamos los fines de semana para dejarnos música y hablar ya de paso sobre temas diversos que nos interesaban. Es increíble como los años han pasado con tanta rapidez, lo que estoy contando me parece que se trata de hace unas pocas horas y que antes de conocerle ya éramos amigos. De hecho siempre le traté como a un amigo de la infancia.
Durante el primer año de universidad me convertí por fin en amigo de verdad de Carlos. Íbamos a Derecho y a Caracciolos, estudiábamos muy poco y nos llenábamos el uno al otro de pájaros la cabeza. Hablaba con él de todas las cosas y con toda la sinceridad que no solía hablar con mis amigos: música, libros, política. Era mi contacto real con el mundo cultural que tanto había yo ya husmeado en los periódicos, en los libros, en el instinto que los dos llevamos dentro de leer los libros que nos llaman y escuchar las músicas que nos emocionan y ver las películas que nos deslumbran. Carlos tenía (y tiene) el lirismo que a mi me faltaba, la fuerza poética que inunda su obra...
Lo que viene después seguramente lo sabrán, y si no lo saben no les interesará mucho. Lo único que le puedo decir, es que hay amig@s que se van y otros que vienen, pero los que se quedan como Daniel, Marcos, Javi, Albertito son un tesoro incomparable.
Cuando fui a su casa comprendí un poco más los porques, las causas de que Carlos fuera un punto y aparte en mis amistades. La cara del Che en el salón, y sobretodo los libros, videos, cds, dvds, vinilos y cintas que poblaban su salón, su habitación y la habitación de sus padres, convertían la casa en una magnífica selva de cultura, en un universo fabuloso donde sonaba la música de la minicadena a la vez que el sonido de la tele mientras su padre hojeaba un libro en el sillón.
El DUDAS fue una idea que ha acabado por cristalizarse y explotar como la felicidad que provoca en un Abuelo su primer nieto, después de dos años de trabajo intermitente y unas cuantas correcciones. Su final ha sido por culpa del tipo de ojitos pequeños que me debatía cualquier asunto por mínima trascendencia que tuviera y por este Erasmus que veía que se acercaba de fecha.
Creo que el largo proceso, jalonado de desayunos literarios en días invernales y soleadas tardes de café, nos ha cambiado a los dos. Trabajar en un proyecto con Carlos es algo bello y difícil. Por un lado me desesperaba su caótica forma de hacer las cosas, todo a la vez, nada a fondo, 10 proyectos simultáneos que se estorbaban mutuamente y hacían que el libro no se terminase nunca.
Al final la última tarde que me quedaba antes de irme a estudiar a Portugal, mientras hacia la maleta, me despedía de los amigos y escuchaba los nervios de mi madre, finalizó está obra esperada por todos.
Por otro lado es un placer trabajar con un tío que le llamas un día cualquiera por la noche y te manda energía por el auricular, que te llena de ideas, de las ideas que a él le estallan y le salen por los poros, que abres su blog y hay un lirismo, un acento que te pega un chispazo en el cerebro.
Siempre me quedará de Daniel y el libro las charlas en cualquier cafetería del centro, los intermedios en la biblioteca, los libros regalados, los abrazos dados, la amistad entre nosotros y nuestros respectivos grupos de amigos. A decir verdad, parece ser que el destino entiende sobre la teoría del big- bang e hizo que nuestras vidas se cruzaran.