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Categoría: DUDAS

Pequeñas historias de la vida cotidiana (V): el tren Alcalá de Henares- Vallecas

grouchoo 02/04/2009 @ 12:26

No puedo evitar cada día en mi recorrido de Alcalá de Henares- Vallecas poner en mi Ipod a  James Blunt e intentar traducir sus letras mentalmente, mientras observo detenidamente a la gente que se sienta al lado conmigo y hago cábalas sobre el   ese señor de enfrente que lleva traje. Mis recuerdos  sobre viajes pasados me acompañan en mi recorrido del 11-M, he llegado a la conclusión que todo el mundo se vuelve un pequeño  filósofo cuando viaja.

Por lo demás, la vida sigue en Madrid, Aveiro (Portugal) parece ya una historia lejana (volví hace menos de una semana) y el recuerdo de vivir en otro lugar se olvida y se difunde con el sonido de la música de James Blunt y la realidad que la cosa está que arde en España. A veces me pregunto qué secretos guardarán esas almas a las 7 de la mañana yendo al trabajo a servir a esta sociedad que nos ha llevado a la mentira y a la pobreza moral, a esa mentira de un presidente que ya no sonríe tanto y unos ministros que están ciegos. Quizá la música me haga sentirme más feliz y más lejano de lo cotidiano, el día a día me absorve más y más, la realidad dura de tener que ir a buscar trabajo por diferentes ETT´s por todo Madrid. La palabra crisis es la palabra más escuchada en todos los lados.

Cuarenta

pedrodaniel 29/03/2009 @ 21:37
Sueño que estás tumbada
-horizontal en tu resumen del amor-
y escucho los latidos, tus latidos,
y firme mi cabeza sobre el pecho
-tu pecho mío, horizontal resumen
de todo lo que quiero- y ya no importa
besar labios pintados ni promesas,
ya todo es realidad, ya está la vida
abierta a que yo escuche sus latidos
y me quedo feliz, pues ya no hay nada
encima de esta luz, si ya eres hada 
...penélope de un rey enamorada.

Inspirando a Marcos (y 2)

pedrodaniel 22/03/2009 @ 12:50

[continuación de Inspirando a Marcos (1)]

 ...pero pronto nos hicimos amigos de tertulia y quedábamos los fines de semana para dejarnos música y hablar ya de paso sobre temas diversos que nos interesaban. Es increíble como los años han pasado con tanta rapidez, lo que estoy contando me parece que se trata de hace unas pocas horas y que antes de conocerle ya éramos amigos. De hecho siempre le traté como a un amigo de la infancia.

Durante el primer año de universidad me convertí por fin en amigo de verdad de Carlos. Íbamos  a Derecho y a Caracciolos, estudiábamos muy poco y nos llenábamos el uno al otro de pájaros la cabeza. Hablaba con él de todas las cosas y con toda la sinceridad que no solía hablar con mis amigos: música, libros, política. Era mi contacto real con el mundo cultural que tanto había yo ya husmeado en los periódicos, en los libros, en el instinto que los dos llevamos dentro de leer los libros que nos llaman y escuchar las músicas que nos emocionan y ver las películas que nos deslumbran. Carlos tenía (y tiene) el lirismo que a mi me faltaba, la fuerza poética que inunda su obra...

Lo que viene después seguramente lo sabrán, y si no lo saben no les interesará mucho. Lo único que le puedo decir, es que hay amig@s que se van y otros que vienen, pero los que se quedan como Daniel, Marcos, Javi, Albertito son un tesoro incomparable.

Cuando fui a su casa comprendí un poco más los porques, las causas de que Carlos fuera un punto y aparte en mis amistades. La cara del Che en el salón, y sobretodo los libros, videos, cds, dvds, vinilos y cintas que poblaban su salón, su habitación y la habitación de sus padres, convertían la casa en una magnífica selva de cultura, en un universo fabuloso donde sonaba la música de la minicadena a la vez que el sonido de la tele mientras su padre hojeaba un libro en el sillón.

El DUDAS fue una idea que ha acabado por cristalizarse y explotar como la felicidad que provoca en un Abuelo su primer nieto, después de dos años de trabajo intermitente y unas cuantas correcciones. Su final ha sido por culpa del tipo de ojitos pequeños que me debatía cualquier asunto por mínima trascendencia que tuviera y por este Erasmus  que veía que se acercaba de fecha.

Creo que el largo proceso, jalonado de desayunos literarios en días invernales y soleadas tardes de café, nos ha cambiado a los dos. Trabajar en un proyecto con Carlos es algo bello y difícil. Por un lado me desesperaba su caótica forma de hacer las cosas, todo a la vez, nada a fondo, 10 proyectos simultáneos que se estorbaban mutuamente y hacían que el libro no se terminase nunca.

Al final la última tarde que me quedaba antes de irme a estudiar a Portugal, mientras hacia la maleta, me despedía de los amigos y escuchaba los nervios de mi madre, finalizó está obra esperada por todos.

Por otro lado es un placer trabajar con un tío que le llamas un día cualquiera por la noche y te manda energía por el auricular, que te llena de ideas, de las ideas que a él le estallan y le salen por los poros, que abres su blog y hay un lirismo, un acento que te pega un chispazo en el cerebro.

Siempre me quedará de Daniel y el libro las charlas en cualquier cafetería del centro, los intermedios en la biblioteca, los libros regalados, los abrazos dados, la amistad entre nosotros y nuestros respectivos grupos de amigos. A decir verdad, parece ser que el destino entiende sobre la teoría del big- bang e hizo que nuestras vidas se cruzaran.

Inspirando a Marcos (1)

pedrodaniel 19/03/2009 @ 22:35

Ahora que ha pasado el tiempo, vengo a sacar unos textos del baúl del libro DUDAS. Para la preparación del video, Marcos nos pidió a cada uno de los autores un breve texto sobre cómo nos habíamos conocido y sobre nuestra amistad. Extraigo algunos fragmentos, los entremezclo y los copypasteo, por si a alguien interesa.

[Carlos Fdez. en rojo, Daniel Carrillo en cursiva]

Hace tiempo que conocí a aquel chico de estatura más bien pequeña, con las orejas para fuera y unos ojitos redondos y pequeñitos. Fue en el Instituto Ignacio Ellacuría.

Después le veía de vez en cuando por el instituto y nos poníamos a hablar con la excusa de los Héroes del Silencio, hasta que llegó un día que quedamos para pasarnos cintas de maquetas o conciertos inéditos.

La sonrisa la tenía irónica y pronto me habló con elocuencia de ideas extravagantes que podían aclararse para pasar tímidamente a intelectuales. La forma de expresarlas y dejarlas en el aire sueltas como pájaros domados sin su jaula le daban un ritmo a veces violento y otras veces vacilante que me provoca cierto interés

Carlos era un personaje típico del instituto, de esos que todo el mundo conoce de vista y cuando les dices si coño, seguro que sabes quien es, un tío que va con las gafas de John Lennon, te dicen ah si, sí.

Quizá estoy exagerando y simplemente era como yo, un alumno más de tantos, y por casualidad o por malabares del destino me crucé con él y resultó ser el cordón que necesitaban mis zapatos viejos para amortiguar mi ritmo de vida desequilibrado pero bastante idealista, comparable con aquellas fotografías en blanco y negro con grano gordo

Poco a poco empecé a juntarme más con él. Quizá el momento clave fue una noche de verano en la que nos lo encontramos al lado del puente de mi barrio, acababa de llegar de un viaje que iba a ser sólo a Cádiz y acabó siendo a África. Estuvimos quizá 2 horas allí mismo, escuchando sus bellas narraciones, seducidos por el mítico personaje de Mariano, viajando con la mente en trenes que atravesaban Marruecos, durmiendo en azoteas gaditanas y moriscas. Todo era diferente en las palabras de Carlos

En aquella época yo tenía unas gafas doradas, pequeñitas y redondas, el pelo largo y una ropa parecida a la que venden en los rastrillos de 2º mano. Por eso y quizá por mi entusiasmo no encubierto por The Beatles me llamaban Lennon en el Instituto

Ahora, años después, sigo pensando que es una de las cosas que más aprecio de él, escuchar sus anécdotas contadas con su estilo peculiar, que convierte un simple acontecimiento en una aventura fascinante. Después de las aventuras de Marruecos me ha contado muchas otras cosas con esa tensión mitológica

(continuará)

La panacea

pedrodaniel 28/02/2009 @ 11:36
Durante un tiempo trabajé en la industria farmacéutica. Desde el punto de vista productivo, se trataba de que las máquinas fabricasen medicamentos a la mayor velocidad posible y con la máxima eficiencia posible. Desde el punto de vista humano, creo que el enfoque más extendido entre la plantilla era que la jornada de trabajo pasase cuanto antes y con los menores inconvenientes posibles.
Nunca tuve la sensación de que a nadie en toda la planta le guiara la idea de que aquello que producíamos curaba, que estábamos allí para hacer un producto que hacía que la gente se sintiera mejor. Operativa, profesional y personalmente, tanto daba que hiciéramos medicinas como tornillos.
Tiene su lógica. Es posible que los medicamentos no den salud, y que lo que de verdad cure es la voluntad de ser curado, la atención, los hábitos saludables, la confianza (o mejor dicho fe) en las propiedades del fármaco. Y, por encima de todo, la creencia cuasi religiosa de que las enfermedades se remedian pagando.
Es una perversión capitalista. El dinero engrasa todo el proceso, la consulta al médico, la extensión de la receta, la visita a la farmacia, la obtención de la pócima mágica a cambio de unas pocas monedas. Y, por detrás de todo esto, plantillas fabricando medicamentos como si fabricaran tornillos. Y dinero público financiando a las empresas farmacéuticas.
Si me permiten, voy a darles un consejo. No se enojen cuando vayan al médico y no les recete nada. Y cuídense, así irán lo menos posible por esos pasillos llenos de jubilados ociosos a los que la seguridad social droga sistemáticamente. Ah, y abríguense bien. Protegerse del frío es mucho más eficaz que el Frenadol.

Teoría de Esther (4)

pedrodaniel 08/02/2009 @ 18:31

En memoria de aquel viejo fax

Ya han ocupado sus puestos cuando llegas a la oficina. Dejan por un momento de leer el As en la pantalla y responden a tu susurro con un casi inaudible buenos días. Quizás alguno descubra al vuelo que hoy el rosa de tus labios es más rosa, o que has vuelto a pasarte por el Massimo Dutti o que un sms inesperado te ha contagiado la sonrisa mientras ibas en el tren. O quizás todo esto no lo advierta nadie, y estos detalles que imagino se pierdan inevitablemente en el pozo de la rutina de otro día en el trabajo.

Más tarde recorrerás el pasillo poniendo firme a la oficina. Disimulan las miradas pero te están viendo mientras boxeas con la fotocopiadora porque no has sido capaz de convencerla con palabras amables. También hablas con el PC, con los cuadernos y contigo misma sin darte cuenta, y sin darte cuenta te están escuchando y te están mirando y se están derritiendo un poco más cada día en la rutina de tus idas y venidas por el pasillo.

Veo todo esto cada vez que cierro los ojos, Esther. Lo veo. Veo a tus compañeros, los estoy viendo y los estoy envidiando porque el tren no me lleva a tu oficina, Esther. Lleno el vacío de los hechos con el veneno de la sospecha, y me pregunto quién de ellos trazará el mapa de tus lunares, con quién estás compartiendo los cigarros mientras yo cierro los ojos, Esther.

Al final del día no hay ningún rosa impostor que mienta sobre tus labios. Susurras un hasta mañana y algunos minutos después llegas al vagón en el último momento, justo cuando suena el pitido del cierre de puertas... Entonces abro los ojos, veo cómo te sientas y cómo deshaces el lío del abrigo y el bolso y sostienes el móvil, y veo que se te escapa una sonrisa juguetona cuando empiezas a teclear la respuesta de aquel sms inesperado...

Teoría de Esther (3)

pedrodaniel 01/02/2009 @ 17:17

- En el mundo hay dos superpotencias, Esther, los americanos... y tú.

Cuántas tonterías te dije, Esther, y cómo te reías. Te partías de la risa, Esther, me acuerdo mucho de aquella época y comparo y me doy cuenta de que me gustabas más cuando tenías quince años, cuando eras una sonrisa andante y un jaleo mental. Volvíamos a casa chocándonos, maldiciendo el último litro de kali, y nos quedábamos hablando en un banco del barrio hasta que te veías en condiciones de subir a casa. ¿Sabes? Yo todavía te imagino así, pisándote los bajos de los pantalones, jugando fatal al futbolín, compartiendo tu ombligo con el aire del verano. Ahora ya no tienes quince años, Esther, y no llevas la misma sonrisa, aunque ahora que lo pienso es posible que sí lleves el mismo jaleo mental. Pero ya no sé cómo eres, ya no se quién eres, Esther, ya no nos une el kali ni el barrio ni el verano, y es como si una turba de rostros y voces se hubiera interpuesto entre nosotros, cortando el último hilo de complicidad y dejándonos aislados como dos extraños más que comparten tren y aire y mañanas y miradas pero que no se saludan y no comparten litros ni jaleos. Ahora que ya no sé quien eres, Esther, cierro los ojos y te imagino con quince años, tan concentrada en el futbolín, tan encantadoramente desastrosa, tan a medio hacer y tan perfecta en mi recuerdo. Me parece que algo has ganado y que algo has perdido en el camino, Esther, pero creo que me gustabas más cuando tenías quince años, y me gustaría que por un momento todo fuera como entonces, que tirases el bolso y los tacones y el abrigo, que se fuese este frío de Madrid y volvieras a compartir el ombligo con el aire cálido, y que volvieras a chocarte conmigo, Esther, y volver a ver como te levantas de golpe del banco y caminas decidida y desapareces en el portal mientras me quedo pensando tonterías nuevas para decirte mañana, Esther.

La 59º de las mejores fotografías de Grouchoo, Serie Other point of view (51-60): Salsa picante

grouchoo 30/01/2009 @ 17:19
Salsa picante
La 59 de las mejores fotografías de mi vida, se titula Salsa Picante. Esta foto es una mis preferidas, tiene el poder de mover montañas, no lo puedo evitar emocionarme, es la bestialidad del ser humano con todos sus poderes, un chico pequeño como un grano de arroz dentro de una boca de dragón o al revés, eso que importa la llama es más grande que él. El retrato lo hice en la Plaza Jema´el Fna en Marrakech, Marruecos.
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Ese verano de 1999 tenía 18 años, fue el mejor de mi vida (por ahora, falta la India), conocí a una de las personas más importantes en mi vida, Mariano. Este para mí se convirtió en este viaje en hermano, amigo, compañero de espíritu inmortal, ángel de la guarda e ideólogo de noches en el Mediterraneo. Todo vino con los aires de Cádiz, se prolongaron en ferri hacia Marruecos y acabaron en las fiestas de Alcalá de Henares. Recorrimos juntos el país musulmán en trenes con Chilabas, tirábamos los calzoncillos cuando se ensuciaban y comprabamos unos nuevos para volver a tirarlos a los pocos días, dormimos en tejados llenos de moscas, jugamos al futbol descalzos con los chicos en la playa y nos bañarnos en el Mediterráneo cuando estabamos fatigados y con ardores en el cuerpo, nos secábamos bailando danzas árabes todos juntos, nos engañaban los taxistas para cobrarnos más, hablamos con más viajeros experimentados sobre más países, dormimos en Plazas Públicas a la sombra de árboles centenarios, charlamos y charlamos y charlamos entre nosotros y con todo el que nos encontrábamos. Quizá por eso esta foto sea una de las mejores de mi vida, porque yo me sentía dentro de una película y me creía fuego rodante, sería porque estaba enamorado de la vida.
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La 57º de las mejores fotografías de Grouchoo, Serie Other point of view (51-60): Shadows & Lights

grouchoo 19/01/2009 @ 22:43

Autorretrato en La Vaguada de Madrid

Esta es la 57 de las mejores fotografías de Grouchoo, se titula Shadows & Lights. La foto la realicé en el Vips de la Vaguada de Madrid, barrio del pilar. En un fin de semana gris de rebajas de enero, en la peor crisis de la historia de España.

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Teoría de Esther (2)

pedrodaniel 02/01/2009 @ 22:52

Para Iacobus

Siempre es la misma gente, el mismo vagón, la misma hora. Por las mañanas son una masa sonámbula y dócil, la masa que parece teledirigida cuando camina hacia la estación, cuando elige andén, cuando se sienta y se duerme y se sobresalta al despertarse y sentir el tren parado porque ha llegado a su destino. Pero yo no voy dormido, Esther, yo no soy rebaño, Esther, porque yo voy pensando en que esta mañana no te he visto, en que quizá hoy no has venido, o en que venías corriendo sobre los tacones pero no has llegado a tiempo de montar al tren y lo has visto irse con el fastidio en los ojos y en los labios y en la prisa inútil, y el tren se ha ido conmigo dentro y nos estamos separando metro a metro. Yo voy pensando estas tonterías, Esther, cuando el tren llega a la estación y cuando salgo al alba fría de Madrid, y entonces hay un momento, Esther, hay un momento de rebaño humano, de manada humana que baja del tren y se apelotona en la salida, en la boca por la que se va hundiendo la mansedumbre, y entonces te veo sin buscarte, te veo sin querer, o quizá yo no te veo a ti sino que veo tu abrigo y tu pelo y tus andares y quiero alcanzarte y seguirte y saber cómo vas hoy vestida y qué perfume llevas hoy, quiero pero no puedo, Esther, no puedo porque hay demasiada gente, Esther, y tú andas a toda prisa y a mí me frena la gente, que es un rebaño humano, una manada, que es un puto rebaño y yo en cuanto puedo ando más deprisa y voy mirando y casi me tropiezo y no te veo, ya no te veo y ya no te voy a ver porque me he vuelto a despistar, Esther, he vuelto a pensar demasiado.

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