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Categoría: Kamikazes

Pequeñas historias de la vida diaria (III): El Pintor

grouchoo 17/11/2008 @ 21:52

Rostro de una mujer Africana, pintor croata Felix

Entro a mi sucursal un hombre largo, musculoso, con melenas rubias, pantalones sucios de tela verde con rodilleras negras y camiseta desgastada. Venía con una carpeta de cartón gigante agarrada por unos hierros finos a la espalda, se presentó como pintor y nos ofrecía  (a mí y mi compañero Jose Luis) enseñarnos sus obras de arte. Jose Luis que venía a hacer una sustitución de unos días, es un hombre cincuentón, con gafas de montura mafiosa, calvete en la coronilla, muy agradable en todos los sentidos y parlanchín  de buena conversación, le respondió de forma contundente: no gracias muy amable, mientras miraba a los papeles que colocaba como si fuesen lo que eran papeles para  triturar. Sin embargo, yo le dije lo contrario "sí, mira a pesar que esté ahora ocupado, si quieres puedes esperarme relajado en la oficina de la supuesta directora y en vez de poner los cuadros en mitad de la oficina para enseñármelos ponlos en  el despacho de la directora que no pasan los clientes y así no los pisan y destrozan ". Me respondió con un "ok", a la vez que movía la cabeza para arriba y para abajo.

Según pasaron los atropellados minutos , el pintor decidió él sólo colocar sus obras delicadamente por el suelo de la oficina, hasta que le dije que como tenía que salir a desayunar y el tiempo que me correspondé es media hora, que se esperase en el bar-hotel El Asador de enfrente que iba en cuanto pudiese para allá y así no tenía que estar en la oficina esperándome a la vista de todo el mundo. Yo siempre desayuno en este lugar y conozco a los camareros del bar y sus clientes. Justamente en ese periodo que quería salir no pararon de llamar clientes: que sí había mirado el crédito de un tal Zubizarreta para comprar un barco, que sí una tal Julia había sido concedida su préstamo en riesgos, que sí podía hacer unas transferencias a la "Fura de Barçelona", que llamase a personal para comunicar que mi compañero estaba de baja, etc.

Después de media hora volvió Felix, el pintor sin sus cuadros. Le dije que no había salido porque estaba hasta arriba de trabajo, que si quería que se fuese, pero que si esperaba hasta que acabase de atender a los clientes, le invitaba de nuevo a desayunar, accedió y nos fuimos a los pocos minutos al bar-hotel  y le invité a un zumo de naranja natural. Mientras yo miraba los cuadros desayuné lo de siempre: un café con leche en taza de loza blanca con un croissant a la plancha con mermelada de melocotón. Me mostró todos sus cuadros, me encantaron, le dijé que me contase las historia de cada uno de ellos ya que un cuadro sin historia es como un hombre sin amor, más tarde me preguntó sobre mi vida, y sobre como veía España. Entre medias le dije que me señalará sus preferidos, y que me comentase cuáles eran sus motivaciones en la pintura y ya de paso en su vida.

Al final seleccioné los cinco que más me gustaron, y de esos cogí los dos que más me impresionaron: un paisaje de una playa en blanco y negro de una noche en un puerto de Italia y un retrato hecho con arena de playa del rostro de una mujer africana muy guapa. Lo tenía claro  al elegirlos quería el más colorido y esa era el de la mujer africana: preciosa de perfil delicado, nariz perfecta, labios carnosos, etc. Me daban ganas  de besarla y acariciarla. Sentí alegría y ganas de seguir viajando por el mundo y conocer otras culturas muy desconocidas por mí incultura.

Quizá si hasta incluso Felix, pintor y profesor de autoescuela en Croacia, me hubiera enseñado un cuadro como uno de mis preferido de Joaquín Sorolla, La playa de Valencia, hubiese igualmente elegido mi mujer africana.

La playa de Valencia, óleo sobre lienzo de Joaquín Sorolla

Más tarde vinieron a nuestra mesa dos mujeres rubias con un bebé mulato, ellas estaban a nuestro lado observandonos y se acercaron para decir a Felix que le compraban justamente mi cuadro, porque les parecía precioso, ya que lo llevaban hablando desde hace un rato. Le dijo mi nuevo amigo que el cuadro ya era mío por 60€ (que todavía no le había pagado) y que además me lo había dedicado (que tengas suerte en croata.) Ellas dijeron que si tenía otro igual (lo típico) se lo compraban porque ya anteriormente le había comprado su marido negro unos rosotros africanos. Según explicó el pintor esa era el único rostro que tenía en esos momentos pero que tenía muchos cuadros más que ofrecerles. Ellas insisteron que podían darle algo más por él, pero la venta ya estaba hecha y mi cuadro estaba mirándome sentado sobre la silla de enfrente. Ellas ya lo sabían pero querían meter el dedo en el ojo, en España la envidía es el principal deporte.

Cris con el cuadro en la terraza de Paque los Nogales, Alcalá de Henares

Cristina en la terraza de mi casa de Parque Los Nogales, Alcalá de Henares con mi cuadro la tarde del día que lo compré, Octubre del 2008.

El cuadro en el escritorio

El cuadro lo puse encima de mi escritorio durante una semana, para verlo todo el rato y poder disfrutar de ese bonito rostro con mucha vida.

Un caudro que hice en Dundee d eun chico portugués

Este es un rostro a carboncillo que pinté este invierno en la escuela de Arte de Dundee (Esocia), con un modelo real. Mi profesro Ewan, ha sido de las mejores personas que me crucé por Escocia. El modelo era un chico portugués que vivía en Dundee,  hacía de modelo para los estudiantes de bellas artes los fines de semana para ganarse un dinerillo y poder seguir estudiando danza. Lo de Olé lo puse yo para dar al cuadro un toque flamenco que es lo que más me inspira.

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KAMIKAZES (3 DE 3)

grouchoo 19/08/2008 @ 22:21

Se levantó de un coma cerebral, intentó abrir de golpe los ojos pero los tenía "cosidos" con grapas invisibles, al final pudo despegarlos poco a poco, con el dolor de quien pierde los párpados arrancados de cuajo. Lo primero que vio fueron destellos de luz. La habitación estaba blanca con poemas colgados de Luis Cernuda y fotos amarillas. En su mesilla había un recorte de periódico de El País, aparecía él postrado en la cama junto un cantante de su época que le recordaba a Jim Morrison.

Sí lo hubiese sabido antes se habría enfrentado a la vida para no tener que enfrentarse ahora con su muerte.

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KAMIKAZES (2 DE 3)

grouchoo 14/08/2008 @ 22:10

Hay estaba despanzurrado casi desnudo ante el peor enemigo. Con los ojos abiertos, la mandíbula partida en cuatro, la nuca rota como un melón caído de un sexto piso y borbotones de sangre por casi todo el cuerpo.

Nadie daba un duro por él y menos en una situación dónde el hombre se enfrenta él sólo con las tinieblas, en el aire se escuchaba el sonido de los cementerios, según Ernesto de noche estos son lágrimas secas. Era la imagen sin sonido de un Madrid desierto donde los rascacielos observaban desde lo alto las ruinas de una gran ciudad. En ella estaba un enfermero loco, bigotudo, con gafas de montura de pasta de otra década y con la bata mal abrochada por falta de algunos botones. En sus uñas tenía metida la sangre espesa del enfermo, éste no se dejaba llevar por la delicada situación y los sollozos que más tarde se escucharían en un barrio pobre de la periferia, aunque automáticamente seguía gritando frases entornadas a Dios, la Virgen y el Espíritu Santo, los pastores, etc. Pero él tenía intuición de brujo, sabía que ese joven no quería morir porque le faltaba algo muy importante en su vida, antes que mal vender su alma al mismisimo diablo.

Mientras tanto en la cabeza del kamikaze estaban saltando destellos de flashes de colores, el sonido era un silencio desolador que hacia llorar a los débiles, su cabeza le estallaba hasta querer meterse un tiro en la sien, pero no podía moverse, estaba despierto por dentro pero inmóvil por fuera. Le venían diapositivas como puñetazos de cuando le duchaba su abuela en el barreño de hojalata, del día que se entero que su abuelo no vendría con más con regalos a buscarle al colegio, de su primer beso en mitad del campo de espigas de detrás de su barrio, del día que se enteró que aprobó selectividad y pudo irse a Inglaterra a aprender ingles todo el verano, de la noche que se le presentó esa chica que más tarde desnudaría con sus propios dedos, del cumpleaños que sus padres le dijeron que le querían más que nadie en el mundo, del día que se encontró por las ramblas con su ídolo Don Manuel Vázquez Montalbán y se fueron a tomar un café al Barrio Chino, del abrazo que se dio con su mejor amigo cuando éste borracho le balbuceo que siempre serían amigos pasase lo que pasase. Todo sucedía muy deprisa como un escalectrix fuera de control, las imágenes se sucedían sin control.

La luz naranja de la ambulancia destellaba en el cielo encapotado de Madrid, había estado lloviendo desde hace una semana seguida, la humedad se juntaba con una bruma espesa que hacía presagiar que Madrid estaba cambiando muy deprisa, era Abril del 2009.

En la entrada de urgencias del Hospital Público Gregorio Marañón, estaban 5 médicos nerviosos esperando porque llegase en unos segundos una ambulancia con un cadáver, llevaban escuchando hace más de dos minutos a lo lejos un sonido ensordecedor que se metía en la sien. No la veían por la niebla espesa pero miraban por si acaso.

Sonrisas, dos cuerpos desnudos, un tronco de un árbol con un parasiempre cincelado en la raíz más profunda, sombras en movimiento con un corazón ensangrentado, bramidos, un jardín triangular, los dedos cruzados en otros dos, lágrimas negras sobre el rostro... se repetían y se estrellaban unas imágenes con otras, estas no dejaban paso a las siguientes,... hasta que hubo una explosión y un silencio de lo más profundo.

Destellos

continuará...

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KAMIKAZES (1 DE 3)

grouchoo 08/08/2008 @ 20:30

La ambulancia pasaba como un ave fenix por La Castellana saltándose todos los semáforos en rojo, eran las dos de la mañana de un lunes lluvioso de abril, había una bruma en la atmosfera que recordaba al alma de un muerto cuando se te mete en el cuerpo. Él estaba medio tumbado agonizando, tenía los ojos abiertos de dolor y sangraba como un cochino cuando lo sacrifican de un estacazo en la nuca. El enferemero de la UVI al verlo directamente le dio por muerto. Le puso la sabana de aluminio y bendijo un padre nuestro por si algo existía en el más allá para sacarlo del infierno. En el lugar del suceso seguía sonando en un cd/mp3 la música de Ricardo Cocciante a todo volumen, parecía que en el lugar del choque todavía quedaba alguien por testificar y nadie se atrevía a entrar en lo que quedaba de lo que fue un Renault Megane 16V.

El coche parecía una estatua abstracta colgada de una farola, las ruedas habían volado literalmente por el cielo de Madrid y el motor desteñía La Castellana de un humo negro aparatoso. Nadie se explicaba como en una recta de cuatro carriles un chico tan joven podía haberse estrellado contra una farola, y haber acabado casi abrazando una estatua, parecía como si el muerto hubiese querido llegar a besar a esa Venus que sonreía. Todo apuntaba que se había quedado dormido, según decían los pocos vecinos de la zona que habían bajado en pijama. Pero el enfermero que fumaba de forma automática pensaba que la música tan alta no se había subido después del golpe, todo le daba que pensar mientras miraba sin miedo al cuerpo del kamikaze. Una chica que aparentaba 28 años y había bajado en camisón inmedatamente después de escuchar el siniestro gritaba de impotencia, no se explicaba como podía ir a 160km/h y no haber intentado frenar antes, ese chico que había salido volando por detras del cristal del maletero como si fuera una maleta de un avión en marcha.

El enfermero un verdadero luchador callejero, le rompió la camisa con sus propias manos agrietadas, le puso la mascarilla de oxígeno en la cara y le clavó una inyencción directa al corazón para intentar recuperar la respiración, mientras le decía "no te mueras hijo de puta, no te mueras, eres todavía muy joven para comprender el amor y la vida, cabrón no te me mueras por mis cojones".Decidió no dar por muerto a ese chico de 24 años que expulsaba sangre por la boca pero milagrosamente de vez en cuando hacia intentos invisibles por respirar.

El sonido de la ambulancia se metía por todas los dormitorios de Madrid, mientras se perdían como un pájaro en la bruma, todo parecía tan muerto como un Sócrates sangrante,...

Sombras en un Madrid nocturno

continuará...