20 de Mayo de 1998: Una Crónica Personal
Recuerdo que estuve estudiando por la tarde, y que acabe pronto (cómo no) y que me puse a escuchar el Carrusel y que sentía los nervios y quería que empezara cuanto antes el partido. Y recuerdo también que justo antes del comienzo llegó una visita a casa, y que eran los abuelos, y que empecé a ver el partido en el salón pero no me estaba enterando de nada con tanta gente. Entonces me fui a la cocina, y Nazaret también, aunque yo creo que ella por esa época pasaba del fútbol, pero es que no era un partido más, era el partido, la Copa de Europa, la final de la Liga de Campeones, esa Copa que hacía tanto que no ganaba el Real Madrid, ese campeonato que le había convertido en un club legendario en los tiempos de Alfredo Di Estéfano, de Paco Gento y de Paco Franco.
Así que ahí estamos, en la cocina, viendo como la Juventus sale a por todas, y los blancos que aguantan como pueden las embestidas de Zidane, Del Piero y compañía... y poco a poco el equipo español se va asentando y empieza a llegar a las inmediaciones de la portería que defiende Peruzzi. La primera parte termina con empate a cero, y es en la segunda cuando llega el gol, ese gol tan raro, tan por los pelos, el centro despejado, el zambombazo de Roberto Carlos que es taponado por un zaguero, el balón que le llega a Mijatovic con el portero ya vendido... el ángulo cerrado y los centímetros que faltan para que no la saque el defensor... pero ha entrado, es gol, goooool, se cae el Ámsterdam Arena y en mi barrio del extrarradio madrileño arrecian los petardos. Goooool. Salimos corriendo hacia la terraza: gritos, tracas, cohetes, gente saltando en las terrazas del portal de enfrente. Banderas y bufandas. Y a la tele otra vez porque el partido sigue y hay que sufrir hasta el final, tres pitidos que suenan como trompetas celestiales. El Madrid, otra vez, Campeón de Europa.


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