Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Categoría: Pequeñas historias de la vida diaria

Autorretrato: De pequeño

grouchoo 11/10/2009 @ 17:30

 

Collage raíces de la infancia

De pequeño yo soñaba en que tenía un escudo invisible, abstracto y poderoso, que me protegía de las malas lenguas, que me ayudaba a ser valiente, a superar los peores obstáculos como eran los exámenes. De hecho cuando metía en alguna gresca en mi barrio Los Nogales, siempre salía bien parado, seguramente no por el escudo ese sino porque tenía un hermano mayor, de hecho estoy seguro que mi hermano Luisito me libró de alguna colleja y se pegó más de una vez por mí.

Seguir leyendo el resto »

La 69º de las mejores fotografías de Grouchoo, Serie Fish Eye (61-70): Tira de Contactos, La Comunidad

grouchoo 24/08/2009 @ 00:45
La 69º de las mejores fotografías de Grouchoo, Serie Fish Eye (61-70): Serie TIRA DE CONTACTOS

LAS MEJORES FOTOGRAFÍAS DE GROUCHOO ANTERIORMENTE PUBLICADAS

Seguir leyendo el resto »

Pequeñas historias de la vida diaria (VI): La tribu de mi barrio

grouchoo 25/06/2009 @ 12:12

 

Cerca de Las Vías del Tren

Mi barrio, ese que un amigo lo describió como un bosque de nogales, ese que está partido del mundo por unas vías de tren, ese que todavía conserva la risas de unos niños jugando a ser D. Quijote con la camisa llena de jirones, ese que era una huerta y paso a una Colmena, viven personajes de otra generación llenos de historias personales, donde lo mágico y lo trágico se juntan como hermanos.

Como todo buen barrio, hay más bares por vecino que farolas por habitante, hay tarzanes, musculitos, imitaciones de pocholos, curas hippies excomulgados que pasean con sus novias, banqueros del sindicato, truhanes, camellos con las motos

en el parque, comisarias con sus policías reunidos en los bares, envidiosos camuflados de buen rollo, y un buen puñado de conocidos que podían pasar por la tribu de Jesús Quintero.

Mi barrio, ese que esta cubierto por un techo de pinos, ese que me ha visto crecer, ese que vi una mañana de diario al enano agarrado de una farola dando vueltas como un reloj descarrilado, o bailando en la barra de un bar mientras sus amigos cantan canciones populares. Ese enano que fue seducido por una emigrante del este, que a la pocas semanas la echo de su tejado porque faltaban los dineros y su amor estaba equivocado. Siempre me acordaré que le vi un día subido al tren leyendo el periódico al revés y que no lograba salir tambaleándose de ese laberinto que son los bares. El enano, calvo pequeño y cantarín, personaje que podría ser el doble de Danny DeVito, ese que se fue con su tribu a los locales de neón y unos encapuchados entraron a atracar mientras él estaba en los baños del local, quiso hacerse amigo de los ladrones hasta que con las ametralladoras le dieron culetazos hasta hacerle sangrar y como no se callaba dieron unos tiros al techo hasta quedar el local destrozado. Este que no dejaba de pensar que era una actuación de los del local y que no le iban nunca a robar.

Mi barrio, ese dónde jugamos a la peonza, al fútbol, a las canicas, a las carreras de chapas , a los monopatines, a las cartas, a los globos de agua, etc. ¿Cuántas veces mi madre me llamó a voces desde la terraza?.

Mis amigos del barrio Angelote, Albertito, Javi Cañones y yo (Carlitos)

Jugando a la petanca 1998 aproximadamente, en el parque grande del barrio Parque Los Nogales, Alcalá de Henares.

Seguir leyendo el resto »

Pequeñas historias de la vida cotidiana (V): el tren Alcalá de Henares- Vallecas

grouchoo 02/04/2009 @ 12:26

No puedo evitar cada día en mi recorrido de Alcalá de Henares- Vallecas poner en mi Ipod a  James Blunt e intentar traducir sus letras mentalmente, mientras observo detenidamente a la gente que se sienta al lado conmigo y hago cábalas sobre el   ese señor de enfrente que lleva traje. Mis recuerdos  sobre viajes pasados me acompañan en mi recorrido del 11-M, he llegado a la conclusión que todo el mundo se vuelve un pequeño  filósofo cuando viaja.

Por lo demás, la vida sigue en Madrid, Aveiro (Portugal) parece ya una historia lejana (volví hace menos de una semana) y el recuerdo de vivir en otro lugar se olvida y se difunde con el sonido de la música de James Blunt y la realidad que la cosa está que arde en España. A veces me pregunto qué secretos guardarán esas almas a las 7 de la mañana yendo al trabajo a servir a esta sociedad que nos ha llevado a la mentira y a la pobreza moral, a esa mentira de un presidente que ya no sonríe tanto y unos ministros que están ciegos. Quizá la música me haga sentirme más feliz y más lejano de lo cotidiano, el día a día me absorve más y más, la realidad dura de tener que ir a buscar trabajo por diferentes ETT´s por todo Madrid. La palabra crisis es la palabra más escuchada en todos los lados.

Pequeñas historias de la vida diaria (IV) versión mejorada: Mesias Jesucristo

grouchoo 23/12/2008 @ 00:20

Aparentemente era una persona de maneras educada y correcta, sus vecinos de su piso de Alcalá de Henares le respetaban y nunca tuvieron problemas con él. Su familia le quería,  tenía dos hijos pequeños y una esposa que le cuidaba cuando salía deprimido de sus clases.

Él era una pieza más de las muchas que formaban el motor de la sociedad, una pieza simple, bien colocada y con un futuro ya impuesto como casi todos nosotros: trabajo, familia y estabilidad.

Todo era normal en su vida hasta que de la noche a la mañana creyó ser Jesucristo y empezó a ver el mundo con solipsismo. Nadie sabe si  esto se debió porque se le cayó encima el cielo, si absorvió los poderes  de Jesús en sus sueños, si leyó la biblia del derecho y del revés, si sufrió de existencialismo como Gregor Samsa, si tuvo una enfermedad maligna y la superó inexplicablemente, si era religioso en extremo, si tomaba drogas, si su mujer le puso los tochos, etc.

Nuestro Jesucristo estaba convencido de que la Muerte no podía con él y que su lenguaje era universal: el del amor, la salvación y la reencarnación. Cambió sus vaqueros por una blanca túnica y sus zapatos por unas sandalias de cuero, daba igual que lloviese, nevase, granizase o hiciese más frío que en Alaska su filosofía le protegía de todo.

Su familia acabó por abandonarle y él se quedó en el piso de toda la vida de Juan de Austria. Jesucristo acabó por convertirse en un personaje famoso e inolvidable de las calles de Alcalá de Henares, era imposible no fijarse en él. que la gente no murmullase cuando se le cruzase, no había día que  no organizase excesos de autoconfianza. Dejó las puertas de su casa abiertas de par en par para que tuvieran techo los mendigos, toxicómanos, prostitutas y demás gente del gremio de la locura y la mala vida. Los vecinos del portal no sabían qué hacer para poner remedio a los orines y demás suciedades del cuerpo humano que dejaban sus invitados y seguidores (sé que tenía uno). Estos llamaban a la policía cada dos por tres y acabaron por hacer  protestas con pancartas en los balcones pidiendo soluciones y enfrentándose a los sublevados y al ayuntamiento.

Nuestro hombre humilde paseaba por el asfalto de la carretera como si hubiese descubierto el Mundo, sin importarle lo que pensasen los vecinos. Se enganchaba durante horas a las farolas para robarles la energía,  colgaba un cartel al cuello anunciando que vendía sus órganos por unos cuantos millones de pesetas, cruzaba las carreteras con una mano tapando sus ojos y otra de frente para seguir el camino de sus poderes, hacía funambulismo en la barandilla de su terraza sin importarle la gravedad, se exponía peligrosamente delante de las vaquillas  para domarlas con la mente, estas pasaban por encima de él sin importarles sus poderes mágicos. Una de las muchas veces que le vi, fue en los últimos encierros que se hicieron en la antigua Plaza de Toros de Alcalá de Henares, se lo tuvieron que  llevar en volandas medio grogui a la enfermería con la túnica como un trapo rota y sucia, en la cabeza debía tener más chichones que un político el día de los parados.

Este mesías fue parte de mi vida cuando fui inocente  y menor, ya que era vecino de Susana, la chica norteamericana que me daba clases particulares de inglés. Siempre me acuerdo de él en estas fechas familiares porque me lo crucé una noche 24 de diciembre en mitad de la carretera yendo a Nueva Alcalá. No lo atropelló mi tío Alfonso por los pelos, nos tuvimos que subir a la acera con la furgoneta para no matarlo mientras mi tío gritaba  improperios al viento y daba puñetazos al volante.

Apareció en titulares un día cualquiera de primavera de finales de los noventa en la revista semanal Puerta Madrid. Decía que un conocido alcalaíno... conocido por todos como Jesuscristo  murió... tal día en la famosa terraza de su piso. No esclarecía si se resbaló de la barandilla  o si  se tiró para probar sus poderes, el caso que cayó con tan mala suerte de cabeza. R.I.P.

Seguir leyendo el resto »

Pequeñas historias de la vida diaria (III): El Pintor

grouchoo 17/11/2008 @ 21:52

Rostro de una mujer Africana, pintor croata Felix

Entro a mi sucursal un hombre largo, musculoso, con melenas rubias, pantalones sucios de tela verde con rodilleras negras y camiseta desgastada. Venía con una carpeta de cartón gigante agarrada por unos hierros finos a la espalda, se presentó como pintor y nos ofrecía  (a mí y mi compañero Jose Luis) enseñarnos sus obras de arte. Jose Luis que venía a hacer una sustitución de unos días, es un hombre cincuentón, con gafas de montura mafiosa, calvete en la coronilla, muy agradable en todos los sentidos y parlanchín  de buena conversación, le respondió de forma contundente: no gracias muy amable, mientras miraba a los papeles que colocaba como si fuesen lo que eran papeles para  triturar. Sin embargo, yo le dije lo contrario "sí, mira a pesar que esté ahora ocupado, si quieres puedes esperarme relajado en la oficina de la supuesta directora y en vez de poner los cuadros en mitad de la oficina para enseñármelos ponlos en  el despacho de la directora que no pasan los clientes y así no los pisan y destrozan ". Me respondió con un "ok", a la vez que movía la cabeza para arriba y para abajo.

Según pasaron los atropellados minutos , el pintor decidió él sólo colocar sus obras delicadamente por el suelo de la oficina, hasta que le dije que como tenía que salir a desayunar y el tiempo que me correspondé es media hora, que se esperase en el bar-hotel El Asador de enfrente que iba en cuanto pudiese para allá y así no tenía que estar en la oficina esperándome a la vista de todo el mundo. Yo siempre desayuno en este lugar y conozco a los camareros del bar y sus clientes. Justamente en ese periodo que quería salir no pararon de llamar clientes: que sí había mirado el crédito de un tal Zubizarreta para comprar un barco, que sí una tal Julia había sido concedida su préstamo en riesgos, que sí podía hacer unas transferencias a la "Fura de Barçelona", que llamase a personal para comunicar que mi compañero estaba de baja, etc.

Después de media hora volvió Felix, el pintor sin sus cuadros. Le dije que no había salido porque estaba hasta arriba de trabajo, que si quería que se fuese, pero que si esperaba hasta que acabase de atender a los clientes, le invitaba de nuevo a desayunar, accedió y nos fuimos a los pocos minutos al bar-hotel  y le invité a un zumo de naranja natural. Mientras yo miraba los cuadros desayuné lo de siempre: un café con leche en taza de loza blanca con un croissant a la plancha con mermelada de melocotón. Me mostró todos sus cuadros, me encantaron, le dijé que me contase las historia de cada uno de ellos ya que un cuadro sin historia es como un hombre sin amor, más tarde me preguntó sobre mi vida, y sobre como veía España. Entre medias le dije que me señalará sus preferidos, y que me comentase cuáles eran sus motivaciones en la pintura y ya de paso en su vida.

Al final seleccioné los cinco que más me gustaron, y de esos cogí los dos que más me impresionaron: un paisaje de una playa en blanco y negro de una noche en un puerto de Italia y un retrato hecho con arena de playa del rostro de una mujer africana muy guapa. Lo tenía claro  al elegirlos quería el más colorido y esa era el de la mujer africana: preciosa de perfil delicado, nariz perfecta, labios carnosos, etc. Me daban ganas  de besarla y acariciarla. Sentí alegría y ganas de seguir viajando por el mundo y conocer otras culturas muy desconocidas por mí incultura.

Quizá si hasta incluso Felix, pintor y profesor de autoescuela en Croacia, me hubiera enseñado un cuadro como uno de mis preferido de Joaquín Sorolla, La playa de Valencia, hubiese igualmente elegido mi mujer africana.

La playa de Valencia, óleo sobre lienzo de Joaquín Sorolla

Más tarde vinieron a nuestra mesa dos mujeres rubias con un bebé mulato, ellas estaban a nuestro lado observandonos y se acercaron para decir a Felix que le compraban justamente mi cuadro, porque les parecía precioso, ya que lo llevaban hablando desde hace un rato. Le dijo mi nuevo amigo que el cuadro ya era mío por 60€ (que todavía no le había pagado) y que además me lo había dedicado (que tengas suerte en croata.) Ellas dijeron que si tenía otro igual (lo típico) se lo compraban porque ya anteriormente le había comprado su marido negro unos rosotros africanos. Según explicó el pintor esa era el único rostro que tenía en esos momentos pero que tenía muchos cuadros más que ofrecerles. Ellas insisteron que podían darle algo más por él, pero la venta ya estaba hecha y mi cuadro estaba mirándome sentado sobre la silla de enfrente. Ellas ya lo sabían pero querían meter el dedo en el ojo, en España la envidía es el principal deporte.

Cris con el cuadro en la terraza de Paque los Nogales, Alcalá de Henares

Cristina en la terraza de mi casa de Parque Los Nogales, Alcalá de Henares con mi cuadro la tarde del día que lo compré, Octubre del 2008.

El cuadro en el escritorio

El cuadro lo puse encima de mi escritorio durante una semana, para verlo todo el rato y poder disfrutar de ese bonito rostro con mucha vida.

Un caudro que hice en Dundee d eun chico portugués

Este es un rostro a carboncillo que pinté este invierno en la escuela de Arte de Dundee (Esocia), con un modelo real. Mi profesro Ewan, ha sido de las mejores personas que me crucé por Escocia. El modelo era un chico portugués que vivía en Dundee,  hacía de modelo para los estudiantes de bellas artes los fines de semana para ganarse un dinerillo y poder seguir estudiando danza. Lo de Olé lo puse yo para dar al cuadro un toque flamenco que es lo que más me inspira.

Seguir leyendo el resto »

Pequeñas historias de la vida diaria (II): Los Taxistas

grouchoo 02/11/2008 @ 22:59

Era un taxista con un Seat Malaga de Vallecas, una zona humilde de Madrid dónde abundan muchos municipales y conductores. Él bajito y con la voz de haber vivido mil noches sin dormir. Me recordaba a esa gente sencilla que paran todos los días en los bares y se van de putas los fines de semana y queman la vida como si sólo quedasen los últimos días para vivir una nueva G.M.
Me lo crucé de casualidad ayer a las dos de la mañana después de venir de Urgencias del Gregorio Marañón, estaba postrado comiendo pipas muy saladas en la barra de un garito del barrio del Puente Vallekas junto con otro taxista, más joven, más alto, atractivo y con una chupa de cuero muy gastada por los puños. Me sonrieron al entrar y me empezaron a hablar a los cinco minutos de estar sentado con las tres únicas chicas guapas del bar (junto a la camarera), y eso les hacía en mí un personaje atractivo.
Al final, acabé con ellos haciendo corro y de tertulia como si nos conociéramos toda la vida. Me contaron sus historias entre las telarañas del mostrador y la luz intermitente que corría por un tubo transparente por toda la vieja barra del pub y las lámparas hechas de discos de vinilo colgando del falso techo .
Me parece sin hacerme el humilde que me llevé un bonito chasco, esos tipos eran buena gente y tenían en sus venas más vida vivida que lo que me gustaría a mí soñar. Su vida en un volante era una ecuación helicoidal de aventuras y anécdotas. Según me contó el ex-taxista molón y bajito, todavía tenía pesadillas, a veces se levantaba frenando el coche y con los brazos en suma tensión intentado protegerse de un golpe.
Lo que más me emocionó fueron sus pequeñas historías de su vida diaria. Por lo visto, que más de una vez le habían persuadido a los dos más de un gay para ir a su casa a pasárselo bien. Y de vez en cuando, alguna mujer entrada en años le proponían desfogarse de la vida, acorralando el tiempo perdido. Siempre el ex-taxista acababa diciendo: "si a mí lo que me ha pasado ni mi padre que fue taxista se lo cree", mientras mirandole a los ojos al otro decía tajante “que sí tronko, que sí, que sí, que sí, que a mi me pasa también de todo”.

Entre tanto echaban un pelotazo a la vez, para regar las ideas y saborear la noche para seguir contando hisorias. A veces me era imposible no obserbar a mi alrededor y sonreír al aire.
- El ex-taxista:“Yo me fui cinco días con un piloto argentino de Aerolinas Argentinas por todo Madrid y este dormía hasta en el coche, yo le decía pero tronko que te dejo en un hotel y descansas y luego vuelvo, pero el tipo me ponía diez mil pesetas en la mano y al final me convencía para seguir de borrachera y por hay perdidos”.

Yo, entre aventura y trago de coca-cola seguía observando a la gente del bar entre humo y buena música: un tipo de sesenta años jugando a los dardos con camiseta de tirantes, un gordito calvo dando besos a la simpática camarera y un fulano de tal que no dejaba de observarla mientras daba caladas al cigarro como Hamphry Bogart .

-La historia que más me gustó fueron las dos últimas que contó el chaval taxista de la cazadora de cuero y pelo de rizos: “anda que a mí lo que me pasó el otro día. Siento en la espalda pequeños golpes, miró para atrás mientras se pone el semáforo en verde y eran las tres chicas que se estaban cambiando las bragas”.
-Yo le pregunté: "¡y eso!, ¿pero cómo puede ser?".

- El taxista joven: "Con sólo decirte que una vez un tio me hizo dar vueltas por la casa de campo y al final después de dos horas me dijo que él lo que quería era si me acostaba con su mujer mientras él lo veía".

Me quedé igual de mudo que estaba, tome un trago y seguí escuchando la conversación de tan grata compañía.

Pequeñas historias de la vida diaria (I): La Vida y La Muerte

grouchoo 15/10/2008 @ 23:47

Llevaba tres días en casa encerrado sin dar señales de vida. Escribió una carta larga de amor de esas que recuerdan al joven soldado, ésta la dejó encima de una mesa junto a una caja vacía de pastillas contra las migrañas. Por suerte la destinataria nunca supo de ella, nadie se atrevió a entregársela, todo el mundo se paralizó de tristeza, imagínense la novia.

El día señalado ella intuyo algo raro y prefirió quedarse en el coche y no abrir la puerta del portal. Llamó desde el móvil a su padre por si acaso, ya que el kamikaze no quería quedar con ella desde hacía días y siempre daba evasivas para verla.

Todo absolutamente todo lo tenía premeditado, ese dolor que tenía acumulado de la vida diaria no le dejaba en paz, vio la solución a tanto sufrimiento un día cualquiera de primavera, cuando todos sus compañeros estaban estudiando para un examen de inglés que él nunca se presentaría. Su novia aunque fuese una preciosa rubia y hubiese querido dejar todo por él: no acabar COU, por lo consiguiente no presentarse a selectividad, dejar a la familia e irse a Valencia para acompañarle, todo esto no le valió lo suficiente para seguir luchando por la vida. Quizá sufría de un dolor extremo en el fondo del corazón que ya estaba demasiado hondo para ser tapado con amor, con besos de verdad que llegaban al alma de cualquiera. Su hermano era un drogadicto y sus padres no le llegaron nunca a entender, su vida había sido una falsa realidad que le devolvía muy tarde a la filosofía esencial de las cosas. Debía dinero y le tenía su cuñado que dejar el piso para poder vivir con su novia (pensarón que así tendrían cerca a su hermana).  

Fue a comprar tres días antes de su fatídico final una cuerda para tender la ropa, en vez de ponerla de tendedero la puso en la puerta enganchada de mala forma al picaporte. Más tarde, se ató la cuerda al cuello y se estrángulo con impertinencia doblando las piernas (no había altura suficiente para dejar su cuerpo tendido en el aire). Su "suegro" no pudo hacer nada cuando abrió la casa, por más que intentó sujetarle el cuerpo inerte hacía horas que había parado de respirar. 

Al día siguiente, aunque hubo examen de inglés sus compañeros de clase según se iban enterando dejaban de hacer la prueba para salir al patio y llorar. Se escuchaban gritos de histeria por todo el Instituto Público de Vallecas. Parece ser que era un buen chaval, todos le querían.