Living Aveiro 2009: Bem-vindo a Portugal!

Volví a la inquietud de viajar sin saber fecha de vuelta, como los reporteros de guerra, sin saber que va a pasar en el futuro, sin dinero en el bolsillo y con el miedo que dan las compañías de bajo coste. Esta vez Ryanair, (Madrid- Oporto), eso sí no a un país en conflicto sino a un país precioso, despoblado y adormecido.
No sé cómo me atrevo a ser tan valiente de viajar con Ryanair, cada día me parece más peligroso volar barato, me acuerdo que la penultima vez que vine con Cris a Aveiro me prometí no volver en avión. Sin embargo he vuelto a caer en el pecado de la locura, debido a que la última vez que vine mi coche se destrozó el motor y tuve que venderlo por 800 €.
Mientras volábamos a Oporto ella me agarraba tan fuerte la mano que pensaba que me la iba a aplastar, notaba que no me corría por ella la sangre. Todo fue porque el piloto no mantenía el equilibrio en el aire y hacía un vuelo diferente, digamos con turbulencias. Ya desde el despeque todo parecía una aventura con final de telediario, el aterrizaje fue tan violento que la gente se puso a gritar, al salir del avión todos acabamos con unas caras serias mirándonos unos a otros sin decir nada, creo que algo se respiraba en el aire, no sé el que quizá fuera que nos cagamos las patas abajo.
Esta vez vine solo y hubo más suerte con el piloto pero sólo permitían facturar 15kg como máximo y un pequeño bolso de mano, (entraba el portatil como parte del equipaje de mano, esto no lo avisaron hasta el día del embarque y nos la liaron parda), vine con casi sin nada de ropa: una camisa, dos camisetas de manga larga y tres pantalones vaqueros. Eso sí la cámara de fotos y el portátil para acabar proyectos pasados, un máster que se hace más largo que un libro de Tolstoi, quizá por mí incapacidad a la monotonía.

Ya volví otra vez a Aveiro, está ciudad universitaria, de rias como venas a una escultura griega, musgo en las calles adoquinadas, iglesias de azulejos, olor a cieno cuando llueve, ovos moles, sonidos que se hacen poemas, lluvia difusa, palmeras despeinadas, viejas bicicletas olvidadas en las calles, reflejo en los ojos, bacalao a la nata, calorios en la Praxa de los Peixes, recuerdos preciosos, amistades pasadas, ... ahora que todo es diferente veo la belleza en mis ojos y el recuerdo marchito de que uno envejece demasiado deprisa.


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