Umbral Vs. Pérez-Reverte
Cuenta Montero Glez que a la muerte de Francisco Umbral hizo dos llamadas de pésame. Una para Raúl del Pozo, compañero y amigo del genial prosista -y a la postre heredero de la contraportada de EL MUNDO- y otra para Arturo Pérez-Reverte. La cosa tiene su gracia, porque Umbral y el creador de Alatriste mantuvieron un duelo muy sonado en el mundillo literario del Reino, ruido de plumas que no llegó a serlo de sables y que renovó una vez más el viejo debate entre fondo y forma, la eterna lucha entre asunto y estilo.
Al parecer el lío empezó cuando Pérez-Reverte calificó a Borges de snob y de gilipollas por su desprecio al lenguaje castellano y permanente exaltación de la literatura anglosajona. Umbral salió en defensa del argentino reconociéndose agredido por un ataque que según él iba dirigido “a todos los escritores de prosa pura, de creación verbal”. Y entonces apareció “Sobre Borges y sobre gilipollas”, famoso artículo en el que el superventas Reverte le metía palos a Don Paco hasta en el carnet de identidad.
La sangre no llegó al río; pasaron los años, Umbral siguió haciendo columnas geniales y el periodista de guerra convertido en académico siguió pariendo best-sellers. Hasta que llegaron los Premios Planeta 2005. El propio Juan Marsé, que formaba parte del jurado, criticó la baja calidad de las obras presentadas, y Francisco Umbral se despachó en la presentación de la obra ganadora diciendo que “es la novela sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia. Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello”.
La colleja no venía a cuento pero hizo pupa. Unas semanas después los lectores de El semanal pudieron disfrutar de una respuesta feroz que bajo el título de “El muelle flojo de Umbral” firmaba el novelista cartagenero. Era un texto aún más duro que el publicado cinco años atrás, una salva a quemarropa que tuvo que doler como una mala cornada.
La salud de Umbral tenía para entonces los muelles ciertamente flojos, y el escritor que quería hablar de su libro murió dos años después. Para el recuerdo quedó un duelo literario de los que ya no quedan. Fue bello ver enfrentados a dos primeros espadas del panorama literario español, algo así como lo que en su momento vivieron Góngora y Quevedo o más tarde Galdós y Valle-Inclán. Y es que siempre ha dado categoría tener enemigos de altura. Quizá por eso a Pérez-Reverte no le sorprendió recibir esa llamada de pésame. Y quizá por ello respondió agradecido:
- Has entendido de qué va esto, Montero, has entendido de qué va esto.


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