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Categoría: POSTCARDS TO KIYOSHI 3.0

La década que no fue prodigiosa

pedrodaniel 09/01/2010 @ 15:33

Hay que reconocer que desde hace algún tiempo no pasa nada verdaderamente interesante. Nuestros queridos atascos siguen compuestos de coches impulsados por motores de combustión, ese gran invento de 1875, y la fisión nuclear sigue siendo el método más eficiente de obtener energía a cascoporro. Nada apunta a que vaya a surgir otra generación como aquella de Einstein, Heisenberg, Bohr, Pauli, Fermi, esa panda de chiflados cuyo destello final fue el hongo atómico de Nagasaki.
 
Es cierto que internet ha cambiado nuestras vidas y que la información parece ser el elemento que nivela el avance de cada civilización, pero también es cierto que estamos haciendo el trabajo sucio al Gran Hermano descrito por Orwell, que vamos dejando al descubierto nuestra intimidad mientras subimos tantas fotos de fin de semana en facebook.
 
Se ha intentado vender el auge del terrorismo como lo más novedoso del nuevo siglo, pero yo más bien diría que el uso de la violencia indiscriminada para acojonar al personal es algo que está en el genoma de la Historia. Leo a Heródoto, hago balance y no veo nada nuevo bajo el sol. Recorte de libertades en España, contribuyentes que se ven intimidados por el Estado en las aduanas, hambre, incapacidad de la raza humana para prevenir las catástrofes naturales.

Y sin embargo, al fondo de todo, frente a todo, la eterna certidumbre de que la humanidad (eso que el Agente Smith definió como un virus para el planeta) ha sido, es y será una raza de animales abrumadoramente ingeniosos. 

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Rascacielos Burj Dubai. Con 818 metros de altura es la construcción más alta que existe.
Diseñado por Adrian D. Smith, fue inaugurado el 4 de enero de 2010.

La cultura popular: Los videojuegos

pedrodaniel 30/12/2009 @ 12:26

Durante mucho tiempo soñé que volaba. No era un vuelo ortodoxo: empezaba a caminar, iba cogiendo velocidad y en algún momento despegaba para flotar durante unos segundos, tras los cuales un leve contacto con el suelo me volvía a impulsar para seguir volando.

Aquel sueño repetitivo y feliz de pronto desapareció. Un día comprendí su origen: ese vuelo era una reproducción onírica de un movimiento del videojuego Super Mario Bros. 3. Había jugado tantas horas, completamente absorto en ese mundo de tortugas y monedas, que el videojuego se mezclaba en mis sueños y hasta me creía héroe bigotudo en su carrera frenética por salvar a la princesa de las fauces del monstruo.

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Había dejado de jugar al Mario y el sueño había desaparecido. Pero esas horas de NES (yo tendría unos 10 ó 12 años) fueron sustituidas por la Game Boy, que me permitía escuchar la radio mientras jugaba, y después de la Game Boy llegó el ordenador, y con él tantos juegos y tantas horas de vicio: PC Fútbol 6.0, Commandos, Comanche 3, FIFA 98, Colin McRae Rally. Tardes de sábado que se pasaban en un suspiro, una ensoñación rectangular que me mantenía concentrado como ninguna otra cosa en el mundo. Cuando volvía a la realidad comprendía que me había quedado solo en casa, o que ya era de noche, o que llegaba tarde a la cita con la pandilla. El tiempo había pasado sin dolor y sin gloria: estar enganchado a un videojuego era algo parecido a la felicidad, una pseudofelicidad plana e insustancial, pero tan fantástica y magnética que dejaba todo lo demás –el mundo real- en un segundo plano.

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No hace tanto de las últimas obsesiones. Hará un par de años tuve que respirar hondo mientras el viento mecía una hoja de periódico en algún cruce de Little Italy, música de El Padrino de fondo y el Nueva York de los 50 a mi entera disposición. Y hace todavía menos tuve que desinstalar el GTA Vice City porque al acostarme seguía viendo luces, al conducir me asaltaba la tentación de estrellarme con otros coches y ya se acercaba peligrosamente un examen definitivo. De vez en cuando echo una partida al Age of Empires II, que está un poco anticuado pero me deja desarrollar cierta obsesión por la simetría al crear las granjas, las murallas y al atacar al enemigo.

Voy por el quinto párrafo y aun no he hablado del Tetris. No es casual: merece un capítulo aparte en la serie de La Cultura Popular.

Umbral Vs. Pérez-Reverte

pedrodaniel 09/11/2009 @ 17:31

Cuenta Montero Glez que a la muerte de Francisco Umbral hizo dos llamadas de pésame. Una para Raúl del Pozo, compañero y amigo del genial prosista -y a la postre heredero de la contraportada de EL MUNDO- y otra para Arturo Pérez-Reverte. La cosa tiene su gracia, porque Umbral y el creador de Alatriste mantuvieron un duelo muy sonado en el mundillo literario del Reino, ruido de plumas que no llegó a serlo de sables y que renovó una vez más el viejo debate entre fondo y forma, la eterna lucha entre asunto y estilo.

Al parecer el lío empezó cuando Pérez-Reverte calificó a Borges de snob y de gilipollas por su desprecio al lenguaje castellano y permanente exaltación de la literatura anglosajona. Umbral salió en defensa del argentino reconociéndose agredido por un ataque que según él iba dirigido “a todos los escritores de prosa pura, de creación verbal”. Y entonces apareció “Sobre Borges y sobre gilipollas”, famoso artículo en el que el superventas Reverte le metía palos a Don Paco hasta en el carnet de identidad.

La sangre no llegó al río; pasaron los años, Umbral siguió haciendo columnas geniales y el periodista de guerra convertido en académico siguió pariendo best-sellers. Hasta que llegaron los Premios Planeta 2005. El propio Juan Marsé, que formaba parte del jurado, criticó la baja calidad de las obras presentadas, y Francisco Umbral se despachó en la presentación de la obra ganadora diciendo que “es la novela sin estilo, pero el estilo es la impronta masculina por excelencia. Está incardinada en las últimas tendencias, que no sabemos si son buenas o malas, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello”.

La colleja no venía a cuento pero hizo pupa. Unas semanas después los lectores de El semanal pudieron disfrutar de una respuesta feroz que bajo el título de “El muelle flojo de Umbral” firmaba el novelista cartagenero. Era un texto aún más duro que el publicado cinco años atrás, una salva a quemarropa que tuvo que doler como una mala cornada.

La salud de Umbral tenía para entonces los muelles ciertamente flojos, y el escritor que quería hablar de su libro murió dos años después. Para el recuerdo quedó un duelo literario de los que ya no quedan. Fue bello ver enfrentados a dos primeros espadas del panorama literario español, algo así como lo que en su momento vivieron Góngora y Quevedo o más tarde Galdós y Valle-Inclán. Y es que siempre ha dado categoría tener enemigos de altura. Quizá por eso a Pérez-Reverte no le sorprendió recibir esa llamada de pésame. Y quizá por ello respondió agradecido:

- Has entendido de qué va esto, Montero, has entendido de qué va esto.

alguna forma de belleza

pedrodaniel 18/10/2009 @ 17:23

No me considero un intelectual, solamente un narrador. Los planteamientos peliagudos, la teoría asomando su hocico impertinente en medio de la fabulación, el relato mirándose el ombligo, la llamada metaliteratura, en fin, son vías abiertas a un tipo de especulación que me deja frío y me inhibe; bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces.

Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos: procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo. Ciertamente es un utillaje del que no puede uno presumir. Porque el oficio comporta, por supuesto, otras obligaciones y menesteres. Alguna vez he reflexionado sobre el asunto, pero no he llegado muy lejos; sobre la persistencia de la vocación, por ejemplo, en tiempos de silencio, o sobre el imperioso dictado de la memoria y sus laberintos.

(...)

Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso el laberinto, cuidando, pues, de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo aquella vez, para poder volver al exterior, y contarlo. Sobre todo, en lo que a mí respecta por lo menos, persistir en la búsqueda de algo, que nunca he sabido definir, pero que tiene que ver, por encima de cualquier otra finalidad, con alguna forma de belleza.

Fragmentos del discurso de Juan Marsé

pronunciado el 23 de abril de 2009 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares al recibir el Premio Cervantes 2008.

La Cultura Popular: LOS CHICHOS

pedrodaniel 26/09/2009 @ 17:10

Alguien reprochó a la cantante Bebe el hecho de que en su primer éxito hubiera elegido un ritmo movido y pegadizo para un tema que hablaba del maltrato. La artista extremeña se justificó evocando su educación musical: “Yo he crecido escuchando a Los Chichos”.

Las rumbas del trío madrileño son conocidas por su tono desenfadado, esa música setentera y algo cutre que invita al bailoteo. Pero lo cierto es que entre los versos de Jeros se encuentra, rotunda, la tragedia: “me paso día tras día en esta celda llorando / sin saber si tu estas viva, sin saber si te han matado”.

No se puede entender el fenómeno de la rumba pop sin esa dualidad de fiesta y drama. En los míticos videos de sus actuaciones vemos a bailarinas sonrientes, trajes de colores imposibles, vuelo de pantalones acampanados y alocados movimientos de cámara al más puro estilo de Valerio Lazarov. Hay mucho de show, sabor a rumba, la prehistoria de lo que luego sería el flamenkito en el contexto de la España del destape y el cassette de gasolinera. Pero al reparar en las letras, rápidamente nos golpea la tragedia. Traiciones en forma de chivatazo, cárcel, navaja, droga. Adulterio que se venga con sangre. Fatalismo de raza gitana envuelto en los compases que Peret y El Pescaílla habían hecho célebres.

Ese rasgo bipolar está en la vida misma de Juan Antonio Jimenez, Jeros. Vallisoletano de nacimiento, fue llamado a toda prisa por los hermanos Emilio y Julio González para que los acompañara en una actuación que tenían contratada en Vigo. La voz elegante y gitana se unió a una capacidad excepcional como letrista para consolidarlo en el grupo y recorrer en él un camino de ascenso fulminante hacia el éxito de talla nacional. Aun hoy en día siguen en el imaginario popular canciones como “Ni más ni menos”, “Son ilusiones”, “Mami” o “La historia de Juan Castillo”. Pero al triunfo de Jeros estaba soldada su tragedia. Primero, la separación del grupo para emprender una irregular carrera en solitario. Después, el infierno de la heroína, las estrecheces económicas, la imposible adaptación a una época -los noventa- nueva de gustos y vieja de complejos. Como en un último verso de dolor y drama, el Jeros murió al lanzarse desde el balcón de su piso de Entrevías.

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Yo, como Bebe, también he crecido escuchando a Los Chichos. Son pieza esencial de la banda sonora de mi infancia, cintas amarillas ordenadas con celo en un cajón, el chasquido del autoreverse en al radiocassette del coche. Hubo un largo lustro de abandono, entre los complejos de la adolescencia, pero ya hace unos años que volví a escucharlos como quien regresa a la patria abandonada de la infancia. Escuchar la voz de Jeros, o el sonido inconfundible del sintetizador, supone una huída instantánea a aquellos años en los que yo no entendía muy bien qué quería decir eso de "un dia llegué al hogar y el niño de cuatro años / me dijo: papá querido,la mamá te esta engañando".

Quiero reivindicar la cultura popular -que nos ha hecho ser quien somos- con una serie de post sobre algunos temas que me motivan y me emocionan. Creo que era oportuno empezar con una mezcla de fiesta y drama, metáfora de la vida en canciones del ritmo pegadizo que siempre me arranca una sonrisa. Y ahora, si me permiten, voy a ponerme alguna de Los Chichos. Ni más, ni menos.

Pereza

pedrodaniel 31/08/2009 @ 22:03
Puedo escribir y no disimular
es la ventaja de irse haciendo viejo
Fito

 

Pero siempre está de fondo la escritura, la obligación de mirar el mundo con afán de escribirlo. En cuanto he dejado de trabajar con un horario riguroso y he empezado a vivir con tiempo para todo, para estudiar, para impulsar el proyecto de fin de carrera, me he deslizado irremediablemente a la literatura, aunque sea a la literatura interior, a leer 4 libros a la vez y pensar en uno mío, en una novela. (...) Explicar eso, el aquí y el ahora de mi generación, la generación mas preparada, culta, abierta al mundo de la historia de este país. Y sin embargo vacía, frustrada, infantilizada. Debería contarlo alguien en una buena novela. Quizá yo.

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Pero la pereza me mata. Soy vago, indolente, abúlico, perezoso. Sufro por la distorsión entre la acción que me gustaría emprender y la que realmente emprendo, por el margen que separa la teoría y la práctica. Por eso me gusta como se van desarrollando los temas en el blog, chispazos, carreras de velocidad que van quedando ahí y nos van marcando.

Vivo sin apenas referencias, volcado a la voluptuosidad del alcohol y la fiesta en los fines de semana y a la soledad y la melancolía en los días nublados de primavera. Me sorprendo a mi mismo en mi vigor dando pedales por los campos verdes y rojos de amapolas, y a la hora siguiente me encuentro solo en mi habitación, hastiado de internet y de los libros y sin saber que es lo que realmente me apetecería hacer. Ciclotímico, raro.

En cierto modo el viaje a Marruecos, y el de Portugal, y el de La Mancha, son triunfos de la acción, homenajes al verbo HACER. Ahí está la memoria, las fotografías y los ojos que vuelven llenos. Y sin embargo, siempre tengo la sensación de estar pero no estar, de haber ido pero no implicarme al 100% en el momento concreto. Dificultades tremendas para concentrar la atención y prolongar el esfuerzo en el tiempo. Y el tiempo pasa. Tempus irreparabile fugit.

(fragmentos de un email enviado el 23 de mayo de 2007)

 

Lusitania 1

pedrodaniel 20/08/2009 @ 19:05

Fue bello y emocionante llegar a Oporto en bicicleta y entender que había merecido la pena. Llevábamos tres días siguiendo el curso del río Duero desde la frontera hispano-lusa, tres días pedaleando con un calor sofocante y un terreno bastante duro, disfrutando y sufriendo, bromeando sin parar y sin parar sudando nuestra aventurilla.

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Nos encontramos con el Duero en su unión con el Águeda, y le fuimos casi fieles en su camino hacia el mar, primero por un paisaje de sabana, después flanqueado por viñedos y más tarde entre bosques de eucaliptos. Al atardecer del tercer día por fin le vimos morir, por fin el puente de Eiffel, y un poco más allá, donde termina Gaia, por fin el mar.

Qué ilusión, qué emoción. Bordeamos la costa hacia el sur, pedaleando junto a la playa a lo largo de unos kilómetros míticos, bendecidos por una brisa muy agradable y por la visión sublime del sol hundiéndose en el Atlántico. Yo no dejaba de pensar que había merecido la pena. Que me gusta lo que hacemos y que quiero seguir haciéndolo. Y que después, cuando vuelves y ves las fotos y recuerdas, no queda más remedio que contarlo.

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Vacaciones baratas

pedrodaniel 06/08/2009 @ 16:27

En 2006 nos compramos unas bicicletas y unas alforjas y salimos pedaleando de casa con la intención de llegar al mar. Unos días después nos dimos un baño inolvidable en Ribadesella (Asturias). Fue un viaje iniciático, en el que yo esperaba encontrar algo de sufrimiento y algo de meditación, pero dónde sólo hubo risas y emociones.

En 2007 compramos unas bolsas de basura gigantes para embalar las alforjas. Nos pusimos a la tarea en mitad de la Terminal 1 del Aeropuerto de Barajas, y el resultado se parecía sospechosamente a unos fardos de hachis protegidos para cruzar el estrecho en planeadora. El viaje de Marruecos fue un cúmulo de adversidades desde el primer momento, pero creo que con ver los primeros segundos del video a todos se nos pinta una sonrisa y se nos afilan las ganas de seguir haciendo rutas.

En 2008 nos dejaron meter las bicis en un tren con destino a Soria. No llegamos a Burdeos ni subimos el Tourmalet. Da igual, no olvidaremos ni la playa de Biarritz ni las rampas de Somport. Siempre quedará el encuentro inesperado con Rosalía, nuestro pequeño orgullo de cruzar los Pirineos de ida y vuelta.

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El sábado cruzaremos la frontera en algún punto de la provincia de Salamanca. Después vendrá otra semana de bici y alforjas, y sí todo va bien un vistazo al Atlántico en Aveiro. Me gustaría volver, si hay tiempo, a la genuina lonja de Costa Nova, aunque sólo sea para recordar el sabor de los mejores percebes que he comido en mi vida, aunque sólo sea para dar un poco de envidia a Carlos y a Cristina...

El peaje

pedrodaniel 21/07/2009 @ 22:18

Pero la visión de Laura en la puerta de mi cuarto, con su pijama y su coleta, me llevaba de la mano a otro tiempo en que las mujeres aún no se maquillaban ni se pintaban los labios ni ahorraban para la vejez, un tiempo en que no buscaban a un hombre que las salvara de la soledad o que les sembrara una semilla en el vientre, un tiempo ido, apagado, huérfano, en el que con cada frase, con cada gesto, con cada plato, no insultaban al tío que tenían enfrente y extendían a todo el género un odio que quizá nos merecíamos. Gracia, inocencia, pureza: eso me dijeron su coleta y sus pies descalzos, sus dientes limpios y su pijama estampado de ositos. Hablaban de una edad anterior a la pasión y a la cólera, donde ningún acto escondía su propósito, su plazo fijo, su súplica, donde todo se daba y se pedía porque sí; un juego limpio que es únicamente de los niños y de quienes logran salvar la niñez en el peaje terrible a la edad adulta.

David Torres - El gran silencio

El Ascenso

pedrodaniel 02/07/2009 @ 22:56

Es cierto que este año has hecho bastantes kilómetros, pero también es cierto que has sido más fiel a la mala vida que a la bicicleta. Así que ni siquiera tú sabes como estás, y sales de casa pensando en subir la misma cuesta de siempre, para probarte y calibrar por dónde andas a estas alturas de temporada.

Pedaleas fuerte por el llano, enciendes el iPod y vas echando cuentas, pensando en un tiempo de referencia que marque la barrera entre el éxito y el fracaso, una predicción holgada que contemple las excusas de por si acaso. El cuentakilómetros marca 35º y el sol pega fuerte en el maillot de Paupérrimos Bike, así que ya sabes que no es el mejor día para darlo todo cuando llegas al pie de la cuesta.

Es la cuesta que has subido tantas veces, sólo 4 kilómetros pero bastante jodidos, un infierno cuando pillas la bici por primera vez después del invierno, tan sólo un repecho cuando andas fino y consigues abstraerte del esfuerzo pensando en otras cosas. Ahora que lo dices, es en esta cuesta donde has aprendido casi todo lo que hay que saber en este jodido deporte, donde has conocido a tus pulmones y a tus piernas, siempre cómplices de lo que de verdad importa, que está por dentro del casco.

A mitad de la segunda rampa ya sabes que algo no anda bien, metes el desarrollo más flojo y sólo piensas cosas chungas, que si el calor, que has gastado demasiadas fuerzas en el llano, pensamientos negativos que recorren tu cabeza mientras te falta el aire y vas buscando el ritmo y tratas de sortear las piedras, que ahora parecen puestas adrede para complicarte la ascensión.

Pero algo has aprendido en estos años, ya sabes que hay que intentar pensar en otra cosa, sacar la mente de las piedras y del calor; intentas imaginar tu silueta a vista de pájaro, un punto en la montaña que se desplaza lento pero no deja de avanzar, una pulga que araña metros y va ganando la partida lentamente como si de una guerra de guerrillas se tratara. Piensas que siempre ha sido así, pero que otras veces has estado más fuerte, y viene la nostalgia de aquellos tiempos sin bici de aluminio y sin disfraz, un muchacho en bermudas subiendo la cuesta sin camiseta, y es entonces cuando te pesan las copas, los kilos, el curro, la vida, el calor, sabes que no puedes meter otro piñón más duro porque ya vas a tope pero también sabe que sigues avanzando sin parar, que dentro de poco la cuesta va a aflojar y que pronto vas a respirar con menos agobio.

Entonces empiezas a escuchar un motor atronando, uno de esos putos quads que arruinan la paz del campo, te apartas justo a tiempo y a punto estás de tener que echar pie a tierra por ese gilipollas, le deseas una mala curva y el cabreo te dura aun unos metros más que pasan sin dolor; sin darte cuenta has estado pensando en otra cosa y ya estás casi arriba. Entonces reparas en la música del iPod, suena System of a down y al momento la asocias con un nombre y una tarde y una llamada pendiente, sigues pedaleando y fluye algo mejor el aire que entra pesado a tus pulmones, un aire que parece de segunda mano y que entre jadeos te mantiene vivo cuando empieza una canción de Los Piratas, y otro nombre y otra noche y una nota mental te ocupan las neuronas y cuando quieres darte cuenta estás casi arriba, bajando piñones y lanzando la bici porque la pendiente afloja y porque tienes la costumbre o la manía de apretar al final, de ponerte de pie y creerte por un momento Chiapucci, aunque esta no haya sido una ascensión gloriosa, aunque el día de hoy no tenga nada memorable. Y sólo unos metros antes de parar en la cima miras el tiempo, sin esperanza, sin ilusión, tan sólo para comprobar cuántos minutos se han añadido a los que calculabas al principio. Y entonces tardas unos segundos en comprender que has hecho la subida más rápida que recuerdas.