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Categoría: POSTCARDS TO KIYOSHI 3.0

Los amigos de Grouchoo II

pedrodaniel 04/02/2008 @ 17:23

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De izquierda a derecha: Manolete Millán (más cornadas da la vida), Cañones Rivera, Diego Ruedas "El Chuli" (también conocido como "El Niño de la Orco"), Matias Prats (o "El apoderado", según el momento), Avelino "Era torero de altas corridas", La Chica del Póster y "El Bombero Torero".

Enjuto Mojamuto

pedrodaniel 21/11/2007 @ 21:47

País de cuadrillas

pedrodaniel 15/11/2007 @ 20:17

"La Cuadrilla es un grupo formado por criterios biográficos. Mi Cuadrilla son los amigos del cole, los del barrio, los de la Universidad. No se articula sobre afinidades ideológicas, sobre formas comunes de ver las cosas sino por lealtades vitales. Y eso no es que esté mal, pero como forma dominante de organización social tiene serias limitaciones. La cuadrilla impone una cierta homogeneidad, la de lo socialmente aceptable. Y a pesar de su poder represivo sobre los miembros del grupo, no tiene una identidad colectiva real: por un lado no tiene una ideología, unos gustos o unas referencias culturales o estéticas distintas de otros miles de grupos idénticos y, por otro, es internamente tan heterogénea que no genera medio.

La cuadrilla es una forma primitiva de Red que es incapaz de ofrecer una mínima resistencia a la comunicación de masas. Pero que, por otro lado, tampoco sirve ni como medio de transmisión de nuevas ideas ni como caldo de cultivo de la innovación social. En una palabra: mientras España se organice en cuadrillas, el poder de los oligopolios mediáticos y el caciquismo político estará asegurado. Leídos en esta clave, los programas del nacionalismo y el regionalismo, los planteamientos de los oligopolios mediáticos, la tecnofobia latente, las reacciones contra la desprofesionalización de la comunicación social que propician Internet y las bitácoras, no serían sino apología del cuadrillismo, distintas caras de la defensa de los poderes fácticos establecidos."

Lo dijo De Ugarte, en 2005

Parte de guerra: Noviembre

pedrodaniel 01/11/2007 @ 13:30

Querido Jvrez:

En estos tiempos la sensatez es transgresora y baila por fuera del sistema, se abre paso como malamente puede y casi nunca hace ruido. Mi corazón inocente aun cree que habrá un concejal bienintencionado con ganas de arreglar las aceras, o un eurodiputado que se levante y trabaje para mejorar el estado de las cosas; creo en esto porque hay obras bien hechas y bibliotecas públicas y museos excelsos y arte en las calles, y alguien habrá puesto todo eso allí.

Pero veo de reojo el telediario, trago y me cabreo lo justo para sentarme a escribirte el parte y no pasar de todo, porque pasar de todo ya es un síntoma de que nos han ganado la batalla. Me gustaría hablarte de educación, futuro, desarrollo, productividad, tecnología y que todo esto saliera en las noticias pero va a ser que no. Este mes el protagonismo político de la hora del café fue para un tipo curioso que se llama Josep Lluis aquí y en la China. Noto entre mis compañeros que este pájaro despierta un sentimiento ardoroso, un sarpullido, que reaccionan ante sus palabras como no lo harían por 50 muertos en Irak o un vertido que arrasara un río. Yo no lo veo para tanto y aplaudo a su gente por votar en contra de esa idea estrambótica de que se puede recuperar la memoria histórica haciendo una ley.

Mientras tanto llevo la negativa de UpyD clavada en las costillas de mis ilusiones. Y no es por ideología, no, es por la ley D’Hont, que juega en contra de las minorías aunque sean de sensatez transgresora. Si me dan a elegir creo que tiraré por lo naranja, aunque solo sea por aquella tarde en la Facultad de filosofía. Era tan diferente de un mitin y entrasteis tan lejos de estar convencidos que por momentos me pareció que se cerraba el círculo de mis anhelos. Si amo alguna política es esta, la que despliega la belleza del argumento y da turno de réplica al que pasaba por allí.

No quiero aburrirte mucho con lo demás porque estaría coreando el ruido. A mi no me interesan ni el nen del metro ni el primo climático, ni los socavones de Maleni ni si Hamilton tocó el botón. Sigo pensando que existe un concejal que arregla aceras, una diputada que combate desde dentro al monstruo del Estado.

La niña, por cierto, sigue sin aparecer.

Hasta el próximo parte, Salud.

Oxigenada

pedrodaniel 22/10/2007 @ 21:24

He vuelto a mi antiguo curro. He recuperado la rutina, los horarios y los cafés, la obsesión por la productividad, la bata blanca y la camisa metida por dentro. Llevaba una semana husmeando por la línea que produce los jarabes pero no había visto a la rubia. Cosas de los turnos, me decía. Y hoy, en el último momento, ya sí, estaba, estaba.

La rubia

(publicado originalmente en Postcards to Kiyoshi 2.0 el 24/dic/2006)

Se me saltan las lágrimas, fíjate lo que te digo”. Me lo dice Emilio, el operario gigantón que come a mi lado todos los días y al que he sorprendido mirando a la rubia como si se la comiera con los ojos. Estamos en el comedor de la empresa y la rubia, vaya rubia, hoy va sin la bata blanca y sin el uniforme de los operarios. A Emilio casi se le saltan las lágrimas y es que, así vestida, la rubia parece otra cosa. Pantalones que ciñen una silueta perfecta, cinturón de adorno plateado, suéter negro que confirma que todo está en su sitio. Así que no puedo evitar enganchar la mirada durante los preciosos segundos en que la rubia espera su turno en el buffet. Joder. Joder. Cómo está la rubia.

Había hablado con ella un par de veces sin advertir tanto encanto. Será la ropa industrial, que los hace a todos casi iguales, el blanco inmaculado de la industria farmacéutica, la personalidad individual disuelta entre las máquinas. Será que me propuse desde el principio no mirar demasiado a las operarias, que probablemente me verán como su enemigo natural, el cabrón del ingeniero al que sólo le interesa producir, producir, producir. Será que cada vez que me propongo algo lo incumplo, será que se en vez de un frío buenos días siempre se me escapa un holaaaaaaaa en plan colega que rompe el hielo y mis teorías.

Así que fui a la cena de empresa con malas intenciones. ¿Cómo iría vestida la rubia? Podría haber sido un conjunto hortera, un peinado cursi, un maquillaje excesivo. Podría haber sido una elección correcta pero inoportuna, pongamos que hablo de unos vaqueros y unas botas vaqueras a la moda, eficaz pero inapropiado para el lugar. Pero no. Iba de puta madre. Apuesta nuevamente por el negro, escote arriesgado pero sin caer en lo vulgar, contraste acertado con ese tono de piel tan blanquecino. Con un cuerpo así te queda bien cualquier cosa, reina, le decían los mecánicos.

Creo que al final salió a bailar. Estuvo mucho tiempo pensándoselo, contra mis expectativas, mientras sus compañeros de mesa competían en la pista con el protagonismo inicial de los jefazos bailones. Creo que salió a bailar pero yo elegí barra libre, una apuesta tan segura como vestir de negro en una noche de cena. Creo que me vino a dar dos besos para despedirse y creo que en el último momento me dijo algo de seguir la fiesta, algo de un Glass Café... Creo que me hice el estrecho, cómo no. Y es que ya saben, me propuse desde el principio no mirar demasiado a las operarias...

Antojo

pedrodaniel 02/09/2007 @ 22:02

He decidido
(IRREVOCABLEMENTE)
cambiar mi cerebro por la realidad
destruir los engranajes de forma voluntaria
escuchar una y mil veces tu sonido y
entregarme (siempre, siempre)
a tus dos ojos
a tus labios
a tu antojo

 

 

La patria es un invento

pedrodaniel 20/07/2007 @ 12:53
Martín (Hache), escrita y dirigida por Adolfo Aristarain. En esta escena el que habla es Federico Luppi. Como dijo un crítico sobre la película: "Algunos la encuentran discursiva. Con un film así, bienvenidos los discursos" 

A mí me da que todo es de mentira

pedrodaniel 27/06/2007 @ 14:34

El autobús de la línea 2 es frecuentado por los soldados de la Brigada Paracaidista y por los estudiantes del Campus de la Universidad de Alcalá. Así que durante varios años les he visto correr hacia la parada, subir con el macuto al hombro y pasear sus cráneos rapados por el autobús hasta encontrar asiento. Los soldados son chavales de 19, 20, 21 años, clase media baja, sonrisa de fin de semana y aire de estar encantados de sí mismos. Las estudiantes miran con disimulo desde detrás de sus carpetas y yo afino el oído para distinguir el acento que gastan los soldados, mayoritariamente sudamericano y andaluz.

Cobran una mierda y por eso se apuntan todos para ir al Líbano, a Afganistán, a Kosovo, aunque yo creo que no saben muy bien donde está eso en el mapa ni porqué allí se matan los unos con los otros. En las misiones de la ONU pagan muy bien, muchos talegos por estar unos meses a tiro, un poco de acción y una experiencia. Me lo contó una militar que curró conmigo en un cutre trabajo temporal, para sacarme unas pelillas porque a los soldados rasos nos pagan muy mal, sabes

El otro día reventaron a seis de los chavales, seis como los del bus, seis de ellos. Fue en el Líbano, en una aldea cuyo nombre no sabían pronunciar, un petardazo que se escuchó a varios kilómetros a la redonda. Quedaron tan calcinados que para identificarlos han tenido que tirar de ADN y dentadura.

Se podría haber evitado por 20.000 euros, lo que cuesta un inhibidor de frecuencias que desactiva el control remoto de la explosión. Pero como los inhibidores no llegaron a tiempo, se ha decidido condecorar a los chavales con la Cruz al Mérito Militar. Qué suerte. Allí estaban todos los políticos con corbata negra, el Príncipe y la Princesa. Medallitas y un cura diciendo nosequé de la paz y la alegría. La oposición portaba barro en las solapas del traje, de arrastrarse por el suelo en los días anteriores intentando recortar tres votos,  claro. Que si la misión era de paz o de guerra y esas cosas, que dé la cara el presidente, que los mandasteis vosotros, que quítate tú pa ponerme yo.

Pienso en los chavales del autobús. Qué poco tienen que ver sus realidades y sus sueldos con los de los discursos de palabras gastadas: condolencia, barbarie, sentimiento, apoyo, abrazo, la gran labor que desempeñan, tralarí tralará. Para qué coño sirve una medallita impuesta a un muerto, qué clase de mérito tiene tragar 70 kilos de dinamita. 

Y a mi, como diría Ferreiro, a mi me da que todo es de mentira.

Madrid

pedrodaniel 21/06/2007 @ 13:05

La ciudad está orgullosa de sí misma. No se sabe muy bien por qué, pero lo está, y por ello es cruel, difícil, achulapada. La ciudad vende caro su cielo, el cielo de la gloria capitalina en una tarde de toros o en una noche de fútbol. El espíritu de la ciudad se refleja en su público exigente, en la exquisitez de los jueces de la grada, quienes aman y odian a las figuras encumbradas y a las que siempre están a punto de hundir.

En Las Ventas hace 35 años que ningún torero consigue el máximo trofeo, 35 años sin un rabo de toro. A Las Ventas llegan chavales abrumados de responsabilidad a jugarse la temporada y la carrera en dos toros, cuatro cuernos que les separan de la gloria o de la nada. El público no regala una palmada, y el ganadero anda rezando para que a su toro no le invaliden con los 3 puyazos que aquí son obligatorios.

En el Bernabeu más de lo mismo. Las mocitas madrileñas bajan por La Castellana tan alegres y risueñas, pero la risa les dura lo que tarde Roberto Carlos en dar un mal pase. Aunque te llames Guti o Ronaldo, si se te olvida luchar un balón o iniciar una carrera, empezarán los pitos. Yo he visto al Madrid ganar un partido muy apurado, pero ganar, y volar las almohadillas tras el pitido final. Abucheo y bronca a los vencedores. Esto sólo pasa aquí.

Será una psicología de imperio perdido o de no pasarán humillado. O será tan solo la proverbial chulería, que fue infectando a los que llegaban del campo y a sus hijos y a sus nietos. Pero el triunfo se vende tan caro como bien se paga. Porque, eso sí, a los triunfadores se les paga bien. En Madrid se exige valor a los toreros, fuerza a los toros, resultados a los entrenadores y brillantez a los peloteros. Pero si demuestran condiciones, tienen la gloria.

El otro domingo las cosas volvieron a la normalidad. Se han jugado 76 campeonatos de liga y 30 los ha ganado el mismo equipo. Si no gana un año de cada dos es que pasa algo raro. Esta vez fueron 3 años sin liga y sin copa y sin nada, y eso aquí no se estila. Había hambre y se notaba en los bares. Fue en el primer año sin aquel presidente megalómano y con un italiano tacaño en el banquillo. El regreso de la austeridad castellana, aunque en vez de luchadores castellanos para ganar a este juego hay que poner en el centro a un guerrero africano con pinta de haberse escapado de la tribu antesdeayer. Makelele, cuanto te hemos echado de menos.

 

Reconstruir la escena

pedrodaniel 04/06/2007 @ 14:24

A menudo salgo con la bicicleta para hacer unos kilómetros alrededor de la ciudad. Prefiero hacerlo a media tarde, porque me gusta volver hacia el anochecer, en esa media hora en que las farolas se desperezan. También me gusta aprovechar esos minutos para salir a correr, la batalla perdida del sol, los primeros momentos de la noche.

Es habitual encuentrar en mi camino parejas de novios dentro de un coche; les veo metidos en el coche pícaramente aparcado en una de las calles vacías por las que corro, en uno de los caminos perdidos por los que pedaleo.

Siempre miro. No hay casi tiempo para reconstruir la escena: un vistazo furtivo cuando las zancadas me ponen a la altura del coche, un retazo fugaz cuando lo alcanza la bicicleta.

A veces los asientos delanteros están vacíos y los cristales empañados. Otras veces la pareja simplemente conversa en la penumbra. Algunos días veo que la chica llora. He visto también, en alguna ocasión, que era el chico quien lloraba.