En dos palabras: Claudio Chiapucci
Atacó en el primer puerto, a 226 kilómetros de la meta de una de las etapas más duras en las últimas décadas del Tour de Francia. Coronó escapado las cinco montañas alpinas, subió solo hasta los 2.770 metros del Col de l'Iseran y puso en jaque a los favoritos, que empezaron el día haciendo bromas sobre la salud mental del italiano y lo acabaron destrozados en la meta de Sestrieres.
Claudio Chiapucci fue la pimienta del ciclismo a comienzos de los 90, el eterno segundo en los primeros años de dominio de Indurain (después lo sería Rominger), siempre vestido con el maillot blanco con lunares rojos que acredita al mejor escalador del Tour. Le llamaban El Diablo y atacaba siempre en la montaña, con la bravura que debieron tener los ciclistas de antaño y de la que apenas queda nada. << Hoy no hay líderes que se arriesguen. Ya no quedan corredores de mi estilo. Yo atacaba hasta sin fuerzas, por la afición. Ahora van todos juntos hasta el último puerto. Es un ciclismo tecnológico >> Tuvo la mala suerte de coincidir con Indurain, que llegaba a doblarle en las etapas contrarreloj, para desencanto de sus tifosi y chanza de los españoles, que nos quedábamos sin siesta para ver ganar al navarro.
Aquel día llegó a ser líder virtual, pero los de atrás reaccionaron recortando su ventaja. Llegó a Sestrieres llorando, roto por el esfuerzo de una escapada épica y de un último kilómetro mortífero dónde Indurain perdió un minuto extra. La historia del ciclismo, bien nutrida de gestas alpinas y sufridos héroes, le reserva un hueco de plata a Chiapucci.

18 de Julio de 1992 - 13ª etapa del Tour de Francia
Claudio Chapucci llega a meta tras una escapada de más de 200 km (en rojo)
[En 2006 participó en la versión italiana de “La Isla de los famosos”. Quedó en segunda posición, como era de prever]
Tags: ciclismo tour de francia claudio chiapucci indurain sestrieres
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Que bien contado está tu artículo Dani, la verdad que siempre me acordaré de Chiapucci y un seguidor suyo que corría detrás de él disfrazado de diablo con tenedor gigante en mano.
Hace un par de años leí su vida en el periódico y sinceramente pienso que este hombre no se merició su fatídico final.
Creo como tu dices debe tener su hueco en el ciclismo pero no de plata sino de oro.Era un hombre especial y diferente que no sólo destacaba en en el ciclismo sino también en la vida.