Inventario improvisado de arranques favoritos
Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de la infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane El Guardian entre el centeno (Salinger) Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Cien años de soledad (García Márquez) Tenía más curvas que una botella de Cocacola, ojos de carbón mojado y piel café. No llevaba sujetador. Se advertía en su cara nada más verla. Apareció a la hora de las meriendas, cuando más trajín había. Lo hizo envuelta en piel de zorra y remolinos de viento. Con una forma muy especial de castigar el suelo con el tacón alcanzó la barra y se sentó, pierna sobre pierna, en el único taburete libre de la tarde. Emputeció la sonrisa para pedir un cortado, con dos de azúcar, por favor. Vista de lejos parecía estar pidiendo otra cosa. Cuando la noche obliga (Glez) Nació con el don de la risa y con la sensación de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio Scaramouche (Sabatini) Hay días, o instantes de tu vida, que guardas en tu memoria, e incluso en tus sentidos, como si no se alejasen en el tiempo, como si se hubieran detenido en el espacio y habitasen siempre junto a ti. El primer beso en los labios de tu novia, aquel poema que abrió una herida de luz en tu alma, el nacimiento de un hijo, la muerte de tus padres o ese momento en que viste por vez primera el mar, asomando como un pecho vigoroso y azul al otro lado de una loma Corazón de Ulises (Reverte)
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Diálogo interno:
1.- Hm, esto me suena
2.- Joder, qué bien escribe Dani
3.- Coño, si no es de Dani
4.- ¡Maldición! me recuerda a los textos amputados que hay pegados en los trenes
5.- Tengo que leer más novelas
XDD Saludos a los dubitantes
Si llegaré a ser el héroe de mi propia vida u otro ocupará ese lugar, lo mostrarán estas páginas.
David Copperfield. Dickens.
Hace minutos recibi una pregunta sobre mi comentario sobre Arranques Favoritos.
El comentario viene de uno de "los alcalas".
Expreso tal vez no correctamente, que lo de el Abuelo Antonio NO es pagado, no tiene nada que ver con los enredos de las casas publicitarias, editoriales, etc.
Por esto Salinger se aparto de toda la mafia.
Tengo MALA impresion sobre Santillana porque publican, asocian, hacen negocio y transAccion con autores que cambian las historias, la VERDAD. Tengo parientes en Mexico y America Latina.
Son escritores. De mi misma MADRE se invento historia que NO es verdadl
Santillana hizo negocio, publico y gano todo a costa de la vida de mi madre.
No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedíes en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más.
El Capitán Alatriste - Arturo y Carlota Pérez-Reverte
Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul.
N.
(Aunque a mi Lolito no le guste ya, para mí sigue siendo especial).
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
Pedro Páramo - Rulfo
y donde pone N. debería poner Nabokov, no te de vergüenza, muchacha.
"El Charolito sólo se fiaba de su polla. Era lo único en el mundo que jamás le daría por el culo"... Yo sigo con el Monterito