Oxigenada 8
Venía comiendo unas gominolas - ñam ñam - cuando me la crucé por las calles de mi barrio. Es que tenía el antojo –me dijo. Aproveché, mientras ella masticaba y se lo tragaba todo, para actualizar mis recuerdos de unos ojos melosos, de dos o tres tatuajes conocidos, de ese rubio tan artificial, oxigenado. Caían a plomo los primeros calores y ella los recibía por verónicas con vestido vaporoso de floridos estampados. Olé.
Bueno, cuánto tiempo, cómo te va. Pues tal y cual. Esto y lo otro. Me voy que tengo prisa. A ver si nos vemos. Ojalá.
Y se fue. Sólo hubo tiempo para un último vistazo a una piel muy blanca, blanquísima, en ese punto donde se cruzan el morbo y la dentera. Y hablando de morbo, qué pensaría ella si se supiera protagonista de esta pequeña historia. ¿Le disgustaría? ¿Tendría inquietud por leer nuevos capítulos? ¿Me denunciaría por acoso laboral? ¿O le daría morbo?
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Dedicado, en esta ocasión, a Leonila. Por los ánimos y tal.
Jjajjj, un honor.