CRISIS SÍ, DE LIDERAZGO
El problema surge cuando en estos tiempos difíciles tenemos una carencia acusada de líderes con ideas brillantes, con un espíritu autoexigente y aventurero para hacer grandes proyectos para grandes soluciones. Me atrevo a decir que el problema de la crisis es un problema de liderazgo, en la Unión Europea no hay un dirigente a seguir, un hombre a imitar, un grupo que destaque. Los gobiernos del 99% de los países están llenos de personas mediocres, gente sin ideas, que no saben qué hacer porque ni están preparados, ni sus objetivos hasta ahora han sido solucionar los problemas mundiales. Su estrategia ha sido la de partido, mantener el poder y dar una imagen suficientemente digna para ser o volver a ser votados.
No me cabe duda, no hay partidos políticos con gente digna en todos los aspectos, miremos por dónde miremos: izquierda o derecha, negros o blancos, humildes o cretinos, sucios o limpios, guapos o poco a la moda. Sólo hace falta echar una mirada al panorama político en Portugal, España, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Grecia, Guatemala, Argentina, etc. Los que quedan en los partidos son los enchufados, los herederos, los pelotas, los trepas, los que se enfrentan bien con el contrario y niegan sus errores, los débiles de convicción. Un político nunca puede decir la verdad simplemente tiene que decir lo que le viene bien a su partido y la gente quiere escuchar. No hace falta poner ejemplos, pero lo que está claro que en estos momentos nos hacen falta los mejores, los más preparados, los que dan la cara sin importarles el que dirán, los más fuertes para llevarse una tunda de hostias por todos lados, los que Nietzsche llamaría Superhombres. Pero aquí sólo veo fracasados.

Tags: líderes a imitar
Meneame |
del.icio.us





¡hace falta un nuevo che¡..está claro..
Jose Saramago, Ensayo sobre la lucidez:
Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada. EL gobierno teme que ese gesto revolucionario, capaz de socabar los cimientos de una democracia degenerada, sea producto de una conjura anrquista internacional o de grupos extremistas desconocidos.