Glosa a EL TUNEL
Abro los ojos y estoy dentro de la fotografía. Es un anochecer de invierno, hace frío y estoy solo. Meto la cabeza en el tubo, después me meto por completo. Yo no veo los chalets nuevos, ni las grúas, ni las luces ni el cielo. Yo sólo veo una poesía de hormigón, el latido de las posibilidades que se despliegan ante mis diecisiete años. Tengo una cámara y una bicicleta. No hace falta más, en la épica del húsar sólo se necesita un sable y un caballo.

Es el tiempo de las ilusiones y los sueños. Ahora se reúnen en la magia del flash, que dibuja garabatos en el eco gris del tubo. Cuando abro los ojos para soñar se despliegan las posibilidades como un abanico de latidos. Arte, fotografía, África, una moto y una chica, la leyenda del Cono Sur, una mochila y unas gafas de ojo de pez.
Estoy solo y hace frío. Puedo acabar convertido en un hombre cobarde con opciones, pero siempre me quedarán un sueño y una ilusión. Descubro que dentro de esta fotografía aun estoy a tiempo de todo. Recuerda, me digo, que si aparece la sombra del pulso hecho cenizas sólo tienes que galopar. El sable y el caballo, recuerda, me digo, el sable y el caballo. Entonces acaricio la cámara y salgo del tubo.
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Espero esas fotos artísticas de un tal escritor famoso en un día nublado. No hay hay hombre inspiraado con sombrero y pipa en su boca, sino existen en él versos cruciales, fotografías por disparar, momentos por compartir, escenas por grabar cuando la sangre sigue caliente. ¿Somos lagartijas?...